Mi padre y la luna

Mi padre, mi hermana y yo, La Habana, 1949

Ayer, 10 de febrero, mi padre, Ernesto R. de Aragón, hubiera cumplido 120 años.  Claro, que nadie suele llegar a esa edad. Pero pudo haber vivido más.  Murió el 3 de enero de 1954 antes de cumplir los 62.  Era más joven que yo ahora.  Sus tres hijas menores estábamos pequeñas. Gloria, la más chica, tenía apenas dos años y no lo recuerda.  Pero para Lucía y para mí, de 11 y 9, fue un duro golpe.  Tuvimos la suerte de que mi madre se volviera a casar y tener un magnífico segundo padre, con suficiente sensibilidad para siempre respetar el puesto que la memoria de Papi representaba para nosotras, al punto que la mañana en que me casé, al llegar el altar me dio dos besos.  Me susurró al oído que el segundo era el suyo, y el primero el de mi padre.

A pesar del poco tiempo que lo tuvimos con nosotros, Ernesto de Aragón nos dio mucho a sus niñas. Nos inculcó con su ejemplo un sentido casi patológico del deber, la puntualidad, la búsqueda de la excelencia, el amor a los viajes, las reuniones familiares, las tradiciones y el beisbol. ¡Y tanto más!

Hoy quiero compartir uno de mis recuerdos de él.  Sucedió en 1948. Estábamos de vacaciones en las montañas de New Hampshire. Papi nos despertó tarde en la noche y nos llevó a los jardines del hotel, rodeados de montañas.   Mi madre protestaba que nos íbamos a enfriar y nos tapaba con frazadas y toallas.  Cuando nos espabilamos, vimos en el firmamento una luna llena, naranja,  brillante. Inmensa. Estuvimos en silencio unos minutos — incluso mi madre–  compartiendo esa emoción indiscutible que produce la contemplación de la belleza, ya sea en el arte o la naturaleza.

Con los años he comprendido que mi padre nos entregó esa noche una doble lección: que hay que despertarse para lo bueno, o puede pasarnos desapercibido; y que todo placer se multiplica cuando lo compartimos con seres queridos.  Quiso mostrarnos el hermoso astro porque también a él le hacía feliz que disfrutáramos juntos ese momento.

Simpre pienso en mi padre cuando contemplo una hermosa luna llena

Muchos veces me he preguntado si siendo médico, sabría que iba a morir pronto.   No sé. Pero en todo caso, ¿no debemos vivir siempre como si pudiera ser nuestro último día?  De más está decir que toda luna llena y hermosa me hace revivir aquella fresca noche de verano en las montañas de New Hampshire; me parece entonces que estoy de nuevo reguardada por el cálido abrazo de mi padre y la manta protectora de mi madre.

Gracias, Padre. Y feliz cumpleaños.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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8 respuestas a Mi padre y la luna

  1. ¡Preciosa anécdota, Uva! Me recuerda que los amaneceres en el lago Hanabanilla, en Villa Clara, son absolutamente espectaculares. Cuando una vez mi esposa y yo pasamos una semana de vacaciones allí, nos levantábamos todos los días a las 6 de la mañana para esperar el alba en el balcón de la habitación, que miraba al lago… ¿coincidencia?… ¿o herencia?

  2. Lucia A Perez dijo:

    Que puedo decir? Es uno de los muchos recuerdos y ensenanzas de Papi que compartimos…como tantos otros.

  3. Hilda dijo:

    Uva las personas que queremos nunca nos abandonan, siguen velando por nosotros allá donde estén. Y por eso recordar su nacimiento me parece un detalle necesario, que dice mucho de tu sensibilidad. Gracias por compartirlo con todos!

  4. Lourdes Geller dijo:

    Que lindo regalo de cumpleanos a tu papa… bellisima anecdota! Te felicito con todo carino!

  5. !Bellísima historia! Y sí, creo que debemos vivir cada día como si fuera el último día. Pero la pregunta es ¿qué harías tú el último día?.
    Yo diría a todas las personas que amo cuanto las amo, compartiría una copa de vino con buenos amigos, ¿qué más? Seguiré pensando.

  6. uvadearagon dijo:

    Además de decirle a mis seres queridos cuánto los quiero, y de compartir scotch o ron con los amigos, si supiera que es mi último día de vida, escribiría la última entrada en el blog. Pedirìa perdón si he herido a alguien y me prepararía como si me fuera para una fiesta a reunirme con tantos seres queridos y con Dios. Por si acaso, haría una lista de cosas que hacer al día siguiente.

  7. jose sanchez dijo:

    una historia siempre es linda cuando el tema es sobre el amor y la familia, pero la forma en que se cuenta es la que nos llega y revive en uno la experiencia propia…una grata lectura que despertó emociones sobre los seres queridos ausentes…un placer visitarla…saludos

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