El discurso de Janet Pérez

Diario Las Americas
Publicado el 01-25-2012

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Me unen lazos al exilio republicano español desde antes de haber nacido.   Mi familia materna, los Hernández-Catá, que vivieron en Madrid de 1913 hasta   casi el comienzo de la Guerra Civil, tenían múltiples amistades entre los   escritores de la llamada Edad de Plata española, muchos de los cuales fueron   luego desterrados. Mi tía Sara, periodista, mantuvo algunos de estos vínculos   a través de la vida, en especial, que yo sepa, con María Zambrano, Manolo   Altolaguirre y Luis Cernuda. Además de estas relaciones familiares, Gloria   Santullano, mi maestra de español durante la primaria — a quien tanto debo–   era una exiliada española que halló refugio en la escuela de las hermanas   Párraga en El Vedado, donde también enseñaba el matrimonio Almendros, padres   del famoso cineasta Néstor Almendros.

Por ello, al recibir apenas hace dos días el libro de la Academia   Norteamericana de la Lengua (ANLE), “El exilio español de 1939: Las   escritoras”, discurso de recepción como Académica de Número de la Dra. Janet   Pérez, eminente hispanista, profesora de Texas TechUniversity, comencé a   leerlo en el acto hasta terminarlo en apenas dos noches. El texto de Pérez va   tutelado por la presentación de la investigadora por D. Jorge Ignacio Covarrubias   y la bienvenida a la institución por D. Gerardo Piña-Rosales, ambos   académicos de número, y el último director de la ANLE, de la que me honro en   ser miembro correspondiente. La trayectoria académica de la Dra. Pérez no   puede ser más prestigiosa, y cobra aún más valor cuando sabemos que esta   americana — Pérez es el apellido de su esposo, el profesor Género Pérez —   creció en el sur de Mississippi, en una casa sin calefacción, electricidad, o   agua potable, y asistió en su infancia a una escuelita de una sola aula en un   pueblo atrasado y xenófobo. Su amor a la lectura y su afán por viajar y   aprender llevaron a esta mujer de intelecto brillante y profunda sensibilidad   al lugar que ocupa hoy en el mundo académico.

Tal vez sus propios esfuerzos por salir de un ambiente marginal la llevaron a   comprender mejor las dolorosas circunstancias de los exiliados, interés que   comenzó en su primer viaje a España, cuando era todavía estudiante de postgrado. En su trabajo, dedicado al profesor, exiliado español, Ignacio   Soldevila-Durante, fallecido recientemente y antecesor suyo en la Academia,   la Dra. Pérez comienza por explicar que las escritoras escogidas por ella son sólo una muestra representativa de las mejores del exilio. Pasa revista al   concepto de exilio y cómo ha evolucionado a través de los siglos. Explica el uso moderno de términos como exilio interior (por la censura), de género (por   la marginación de las mujeres) o lingüístico (debido a la prohibición de   otras lenguas como el gallego o catalán). Aunque da ejemplos de estos casos,  aclara que en su estudio utiliza el término como “exilio geográfico o  destierro literal”.

Como muestra de exilio interior, presenta a Carmen Conde, a quien bajo el   franquismo no se le permitió utilizar su título de magisterio ni publicar   bajo su propio nombre, para evitar que se beneficiara de la fama ganada antes   de la guerra. Se vio obligada a cambiar de carrera, trabajar de archivera,   vivir con parientes y amigos, y por fin expatriarse. A pesar de todas esas  vicisitudes, realizó una obra tan importante que en 1979 fue la primera mujer  admitida a la Real Academia Española. Sin embargo, se sigue omitiendo su   nombre en estudios de la Generación del 27, pese a pertenecer por fecha de   nacimiento y lazos de amistad, a este grupo.

Carmen Conde en la ceremonia de ingreso a la Academia de la Lengua. 1979

La Dra. Pérez dedica su estudio a María de la O Lejárraga Garcìa, Rosa Chacel, María Zambrano, Ernestina de Champourcin, Concha Méndez, María Teresa de León y Goyri, Concha Zardoya, Teresa Pàmies I Bertran, y Mercè Rodereda I   Gurgi. Creo no equivocarme al decir que durante mis estudios de doctorado no   leímos ningún texto de estas mujeres y algunas ni siquiera fueron   mencionadas. En realidad, aunque creo haber leído bastante, sólo conozco   textos de Rosa Chacel, María Zambrano y María Teresa de León. Quizás me equivoque  porque una de los datos sorprendentes que me develó el estudio de la Dra. Pérez fue que se ha comprobado que María de la O Lejárraga García, esposa de   Gregorio Martínez Sierra, es la verdadera autora de los numerosos cuentos,  novelas y más de cincuenta dramas de D. Gregorio, que entre 1908 y 1925,   cosecharon tantos éxitos en las tablas españolas. Su “Canción de cuna”–   bastante cursi por cierto – sí era lectura requerida.

Maria Zambrano, que pasó parte de su exilio en Cuba, junto a Virgilio Piñera, Roma, 1954

El estudio de la Dra. Pérez ofrece una apretada síntesis de las azarosas  vidas de las escritoras; obras publicadas, temas y estilo; y, en algunos  casos, el regreso a España, cómo fueron recibidas y cómo se sintieron estas mujeres exiliadas al vivir de nuevo en su Patria.  El corpus literario producido por esta muestra representativa es verdaderamente extenso y poco  conocido.

Una búsqueda en la red me ha hecho comprobar que hay un movimiento de rescate   de esta literatura. Al menos, se estudian a las escritoras a nivel académico,  pero no estoy segura de que abunden las rediciones de sus obras, como debiera ser.

Como mujer y escritora exiliada, agradezco el trabajo de Janet Pérez sobre   esas españolas, hermanas de profesión, en cuyas trayectorias he visto el reflejo de mi propia vida y la de tantas amigas. También me ha hecho reflexionar sobre la imperiosa necesidad de seguir luchando por la   integración de las letras cubanas. A menudo pensamos en nosotros los   exiliados sin nuestro País, pero hay que pensar asimismo en Cuba sin   nosotros. Todo el que se fue dejó un vacío. También los escritores. No se  puede negar a España ni a Cuba las muchas obras que en tantas partes del   mundo han escrito sus hijos e hijas y que pertenecen sin duda a la cultura  nacional.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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2 respuestas a El discurso de Janet Pérez

  1. Hilda dijo:

    Me parece muy interesante el tema que aborda este discurso. Realmente no se conoce mucho de estas escritoras. Reivindicar la obra de estas mujeres, como bien apuntas, es un acto de justicia. Hace poco comentaba a unos amigos, que en tiempos de crisis debes poner un historiador o un buen libro de Historia en tu vida. La perspectiva del pasado nos da mucha esperanza para enfrentar el futuro a pesar de las crisis. Estas grandes mujeres que abandonaron la tierra donde nacieron, que contando apenas con su inteligencia y ganas de hacer, crearon “academia” con sus propias biografías. Rescatarlas hoy es -además de justo homenaje- añade más mérito a los llamados estudios de género, porque que duda cabe que si el exilio es duro para todos, para las mujeres de aquellos tiempos y de los de hoy debió ser aún más doloroso y excluyente.
    Gracias por enseñarnos más del estado vital de la poesía y del quehacer de sus autores.

  2. muy justo reconocimiento y rescate…

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