Carlos Ripoll en el recuerdo

Diario Las Américas 
Publicado el 11-02-2011

Carlos Ripoll

Dr. Carlos Ripoll, incansable investigador de la vida y obra de José Martí

Conservo intacta la imagen de la ocasión en que conocí al Dr. Carlos  Ripoll. Fue el 13 de abril de 1975 en la Universidad de Georgetown, a donde el profesor había sido invitado por la Asociación de Estudiantes Cubanos a
ofrecer una charla que tituló “A látigo y destierro: Reflexiones sobre la
emigración cubana”.  Creo que sólo había leído entonces su ingenioso “Julián  Pérez por Benjamín Castillo”. Aunque Ripoll era ya sin duda un intelectual de reconocidos méritos, sus palabras me impresionaron mucho más de lo que pude
prever aquella noche de primavera. Aseguró el orador que “la crueldad más refinada encontró en el destierro el castigo perfecto.”  Habló de cómo es peor  que la muerte o la cárcel. Citó a personajes famosos que lo habían sufrido:   Sinuhé, Ovidio, el Mío Cid, Heredia, Juan Ramón Jiménez, Solzhenitsin y  naturalmente, Martí, cuya trayectoria vital trazó a grandes rasgos, como  soplos de luz. Sentí que por vez primera alguien me explicaba con claridad el  vacío tan grande que llevaba dentro.

Dediqué un artículo a la charla de Ripoll, que él me envió un mes después,
publicada en un folleto, con una generosa dedicatoria. Fue el comienzo de un
fecundo intercambio de libros y cartas, en el que naturalmente era yo la
mayor beneficiada.

También tuve algunos encontronazos con Ripoll, que se comportaba a veces como
un sublime majadero.  El primero fue al invitarlo al Primer Congreso de
Intelectuales Disidentes Cubanos que tuvo lugar en París en 1979. Como a
muchos entonces, a Ripoll le molestaba el vocablo “disidente”, y con una
falsa modestia que en ocasiones exhibía, aseguraba también que él no era un
intelectual. Fueron inútiles todos los argumentos. Otra discusión, años
después, en una cena en casa de Modesto Maidique, fue porque Ripoll defendía
la tesis de que no era posible que María Mantilla fuera hija de Martí,
mientras que la escritora Hilda Perera y yo nos inclinábamos a afirmar lo
contrario. Basaba su argumento en que Martí lo había negado en una carta, y
que era incapaz de mentir. Hilda y yo protestábamos: “¿Pero cómo piensa,
doctor, que lo hubiera contado?

Tuve, por otra parte, el gusto de conversar largamente con Ripoll durante un
semestre que enseñó en FIU y de colaborar con él en la preparación de una
exhibición de fotos de Martí, que luego la universidad prestó al Instituto
San Carlos donde se conserva en sus salones. La última vez que vi a Ripoll,
hará un año, fue en la Biblioteca de FIU a la cual hizo una valiosa donación.

Carlos Ripoll –no hace falta repetirlo– ha sido uno de los estudiosos más
importantes de la vida y obra de Martí. Inteligentemente, en vez de intentar
hacer una obra abarcadora sobre un hombre inacabable, publicó artículos,
monografías, folletos, pequeños libros, concentrándose en aspectos de su
personalidad, nuevos datos encontrados, y la rectificación de
interpretaciones que falsificarían la historia y naturaleza de Martí.

Ripoll era un solitario que sin embargo, como el Martí que tanto admiraba,
cultivó amigos y tuvo asimismo detractores. Hombre fastidioso para los
detalles, sabía, sin dudas, ir a la esencia de las cosas. Inflexible y hasta
duro en algunos aspectos, habitaba en él una callada ternura. Tanto se
identificó con Martí, que un hálito del estilo martiano recorría su prosa.
Aunque la mayor parte de su vida la dedicó al estudio del Apóstol, este
hombre monotemático era complejo. Ora transparente y hasta ingenuo como un
niño, ora impenetrable, hierático. Gustaba tanto de la buena música como de
la buena cocina. Era curioso y terco. Humilde y orgulloso. Afable y cascarrabias.

Al final, este genial refunfuñón, se enojó con la vida y se pegó un tiro. A
sus casi noventa años no pudo lidiar con la enfermedad de su mujer, su propio
envejecimiento, la soledad. Releo aquella charla que ofreció a los
estudiantes de Georgetown hace más de 35 años y sobresalen estos párrafos
como un angustioso presagio:

“La tumba del proscrito no es acabamiento, sino principio de nueva espera.
Todo entierro es triste: con un ser querido se va una parte de nosotros. Sin
embargo, aún en la angustia de la separación halla consuelo el deudo: a su
compañía inconstante y frágil sucederá la segura y amorosa de la tierra; y
cuando los más fieles retrocederían ante la desintegración de la materia,
ella, madre, estará allí, recibiendo el despojo que convierte por un milagro
de caridad en nueva vida. Pero no hay procesión más atribulada y doliente que
la que lleva al desterrado al cementerio. ¿Dónde está la tierra compasiva?
¿Dónde la sombra del árbol propio? ¿Dónde su techo de estrellas? ¿Dónde la
brisa cariciosa, los aromas y rumores amigos? Allí dejamos a la víctima. ¿Qué
poder insensato permite en el mundo el castigo de un muerto?”

No hay respuestas, más que una callada oración por su alma y el adolorido
homenaje de estos torpes papeles.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actividades académicas, Actividades culturales, Críticas literarias, Cubanoamericanos, Cubanos famosos, Estudios sobre Cuba, Historia de Cuba, José Martí, Libros cubanos, Literatura, Literatura latinoamericana, Mi columna semanal, Vida de la escritora. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Carlos Ripoll en el recuerdo

  1. Espero que algún día se lea la obra del Dr. Ripoll en Cuba, en especial “José Martí, the United States, and the Marxist interpretation of Cuban history”.
    Dr. Ripoll se indignaba de que se quisiera catalogar a Martí como marxista. Ver este artículo:
    http://www.nybooks.com/articles/archives/1988/dec/08/marx-marti/.
    Buen artículo Uva!!!

  2. También me gustó el blog. A pesar de que nunca logré conocerlo personalmente, tuve un breve intercambio con él por correo (no electrónico). Me gustó sobre todo el libro sobre la vida íntima de Martí y el excelente ensayo sobre la falsificación de Martí que apareció en Cuban Studies. Formidable argumento. Igual su cuestionamiento sobre la paternidad de María Mantilla.
    Saludos,
    James

  3. Armando R. Carvallo dijo:

    Muy interesante, Uva, gracias. Sobre Martí y el marxismo, hay que leer lo que escribió comentando a Herbert Spencer, donde describe magistral y “Nostradámuscamente” la burocracia y el poder de los funcionarios en un sistema comunista. Y eso lo dijo cuando no había habido aún experiencia práctica alguna del sistema… ¡absolutamente genial!

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