Juan David y Bola de Nieve en la memoria

Diario Las Americas 
Publicado el 09-21-2011

El caricaturista Juan David

Lo he contado en varias ocasiones. Mi tía Sara Hernández Catá organizaba
unas maravillosas tertulias en la casa que compartía con mi abuela en el
reparto La Sierra, adonde acudía la flor y nata de la cultura cubana.
Asiduos, además de la familia, eran Luis Gómez Wangüemert, Raúl Roa y su
esposa Ada Kourí (en ocasiones el hijo, para nosotros Raulito), Luis Mariano
Carbonell que nos deleitaba recitando, Fernando Ortiz y su esposa María,
Guillermo de Zéndegui y su esposa Beatriz Lugrís, y la maravillosa María
Luisa Gómez Mena, que tanto hizo por las artes plásticas y el teatro cubano.
Otros venían con menos frecuencia: Enrique Labrador Ruiz y Cheché, el gran
pianista Ernesto Lecuona y su hermana Ernestina, el joven arquitecto Nicolás
Quintana, el escritor Alejo Carpentier, que aspirando y arrastrando la “r”
solía pedir: “Consígueme otro whisski, Saggita…” lo que a los muchachos,
irreverentes, nos hacía muchísima gracia.

Este año se cumple el centenario de dos personalidades que conocí en mi
infancia en esas singulares reuniones: el caricaturista Juan David (Juan
Eduardo David Posada), nacido en Sitiecitos, cerca de Cienfuegos, el 25 de
abril de 1911, y el intérprete, compositor y pianista Bola de Nieve (Ignacio
Jacinto Villa y Fernández), quien vio la luz en Guanabacoa el 11 de
septiembre del mismo año. Mi recuerdo del primero es el de un hombre de nariz
prominente y grandes gafas de pasta oscura, más bien callado, pero que al
hablar mostraba una amplia cultura. A menudo en estas peñas se comentaba su
última caricatura en la revista Bohemia o se brindaba con alboroto porque una
vez más había sido premiado en el Salón de Humoristas. En una ocasión
acompañé a mi tía a su casa y me asombró el gran número de revistas,
periódicos y dibujos que había, no precisamente muy ordenados. (¿Quién me iba
a decir que décadas después en mi biblioteca reinaría similar abundancia de
libros y papelería…!)

El inolvidable compositor, pianista e intéprete Bola de Nieve

La memoria de Bola de Nieve es más precisa. Lo veo claramente llegando a la  casa subido al piano sobre un camión, como un mago negro escapado de un
cuento de hadas. Puedo escuchar su voz ronca, un poco áspera, cantando y  contando…en varios idiomas. Veo su sonrisa amplia, sus manos gruesas pero
ágiles sobre el piano (¿es posible que recuerde que llevaba una pulserita de oro en la muñeca izquierda?) , la dentadura blanquísima, y una mezcla de  sofisticación   y humildad en cada gesto… Siempre vestía con elegancia. Aparte de su acostumbrado repertorio, con frecuencia cantaba alguna antigua melodía
española o portuguesa que mi abuela le pedía, y la interpretaba con igual
gracia que “Corazón” de Sánchez de Fuentes (la favorita de mi padre) o el
famoso “Mesié Julián” de Armando Oréfiche. Rememoro su imagen en la pantalla
del televisor los lunes por la noche en CMQ, en el Cabaret Regalías o en
Jueves de Partagás… y la satisfacción que nos daba que lo conocíamos, aunque
muchas veces en la escuela nadie no lo creía. Bola siempre estaba viajando, a
México, a Nueva York, a Europa. Le hacían encargos, recomendaciones: No dejes
de ver a fulano…Oye, dale recuerdos míos a La Cibeles…Cuidado con el frío…Y
al regreso lo recibían ansiosos de que contara sobre sus éxitos y aventuras.  Aquel círculo de intelectuales era una gran familia.

No sabía entonces nada de lo que sé hoy de la talla de estos personajes, ni
en el caso de Juan David y Bola, de sus orígenes humildes y cómo el talento,
la disciplina, las lecturas, el aprendizaje y algunas manos amigas los
llevaron a alcanzar fama mundial. Especialmente Bola de Nieve fue quizás
hasta más reconocido fuera de Cuba que en la Isla, cosa no poco frecuente. En
la época que cuento, los años 50, ya Bola había tocado a salón lleno en
muchas partes del mundo. En 1948 cuando se presentó en el famoso Carnegie
Hall lo ovacionaron incluso antes de sentarse al piano, y después del
concierto tuvo que salir a escena nueve veces por los aplausos incesantes del
público. “The New York Times” lo comparó con Maurice
Chevalier y Nat King Cole.

De Bola han escrito con acierto famosas personalidades. El poeta Rafael
Alberti lo calificó como “un García Lorca negro”. Pablo Neruda aseguró que “se
casó con la música y vive con ella en esa intimidad, lleno de piano y
cascabeles…”. Para la cantante francesa Edith Piaf nadie cantaba “La vie en
rose” como él. Bola se describió a sí mismo con esta atinada frase: “Yo soy
la canción que canto.” También los cubanos le han hecho justicia. No sólo el
público lo adoraba, sino que intérpretes, musicólogos, poetas dentro y fuera
de la Isla han reconocido sus muchos méritos, así como los del pintor y
caricaturista Juan David.

Bola de Nieve murió en México el 2 de Octubre de 1971 y fue enterrado en su
ciudad natal de Guanabacoa. Su amigo el poeta Nicolás Guillén despidió el
duelo. Juan David falleció el 8 de agosto de 1981 en La Habana.

Ojalá que en el centenario de sus nacimientos, estas dos grandes figuras sirvan,
en momentos controvertidos, para unirnos en la afirmación de que la cultura
cubana es una. Para mí, forman parte de mi imaginario infantil, de esos años
de formación en que se asentó en mi espíritu el amor a la familia, los
amigos, el arte en todas sus formas, los libros, un poco de bohemia, y,
naturalmente, Cuba.

 

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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5 respuestas a Juan David y Bola de Nieve en la memoria

  1. Tuvo que pasar el tiempo para poder apreciar a Bola de Nieve en toda su dimensión.

  2. Matias Montes Huidobro dijo:

    Hace muchos años, en un cuento que publiqué en el periódico Revolución, lo encabecé diciendo:
    “La muerte tiene formas extrañas. La más cruel es el olvido.” Recordar figuras de nuestra
    memoria histórica, literaria, musical, artística, como haces en este trabajo, y en muchos más, es darle vida, mantener esa respiración tan necesaria de aquellos que no están ya, físicamente, con nosotros. Gracias por compartir estas memorias.

  3. Yara González Montes dijo:

    Dicen, querida Uva, que recordar es volver a vivir y tú revives el pasado deleitándote en él y en sus detalles con veracidad increíble. Nos ofreces verdaderos cuadros de costumbres en los que revivimos un tiempo ido que no volverá jamás. Te agradezco el viaje y el bello panorama.

  4. Rita Geada dijo:

    Uva : Es un gusto apreciar como tu mente e imaginación en la infancia plasmaba detalles que te impresionaban y ahora revives con tanta lealtad para rescate cultural y deleite de los que te leemos

  5. Armando R. Carvallo dijo:

    ¡Maravillosa estampa de los 50! Ahora falta que un día, sin modestia, nos hables de tu tía Sara. Sabes, una vez que fui a La Bodeguita del Medio, en La Habana Vieja, busqué y encontré su firma en una de sus tantas garabateadas paredes.

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