El 11 de Septiembre: diez años después

Diario Las Americas

Publicado el 09-07-2011

El derrumbe de las Torres Gemelas en NY

Ataque terrorista contra las Torres Gemelas en Nueva York

El acontecimiento más dramático que ha vivido los Estados Unidos en las últimas décadas ha sido sin
duda el ataque a las Torres Gemelas, el Pentágono y un tercer blanco, este último frustrado gracias al valor de los pasajeros del Vuelo 93 de United. Los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 no sólo cobraron vidas humanas –casi 3,000 ese día– sino que ha tenido graves consecuencias.

Es difícil olvidar aquella mañana de martes, el horror de ver en vivo por la  pantalla del ordenador o la televisión las imágenes de personas lanzándose al  vacío para escapar del fuego, las Torres desplomándose. Luego vinieron las  llamadas frenéticas a queridos newyorkinos para asegurarnos de que estaban a  salvo; la triste noticia de amigos cuyos familiares murieron –personalmente,
tengo un colega que perdió a su hijo y otro a un sobrino–; la alegría al
conocer las historias de los que se salvaron por obra de Dios, pues llegaron
tarde o faltaron al trabajo ese día. Fueron momentos de angustia y shock.
Alrededor del mundo hubo, aunque con excepciones, una gran solidaridad con
Estados Unidos. En el próximo año resurgió con fuerza el patriotismo, la unidad
nacional, la fraternidad y empatía. Los artistas cantaron juntos. Los niños
escribieron cartas a familiares de las víctimas. Cientos trabajaron en
recuperar e identificar los restos de los caídos. El Presidente George W. Bush
declaró la Guerra Global contra el terrorismo. Menos de un mes después
comenzaba la contienda bélica contra Afganistán, Al-Qaida y los talibanes. En el
2003, la invasión de Irak.

En el interior del País, hay que señalar dos hechos fundamentales: el aumento
de la seguridad, especialmente en los aeropuertos, con la mengua de libertades
individuales que estas y otras medidas han provocado, amparadas bajo el
“Patriot`s Act”; y la decisión colectiva de que la vida siguiera lo más
normalmente posible, con lo cual tras un tiempo prudente, los estadounidenses
continuaron viajando, y sobre todo, gastando.

Al cumplirse una década de ese fatídico 11 de septiembre de 2001 e inaugurarse
monumentos en recordación de los caídos, ¿cuál es la situación de Estados
Unidos? Sin duda, pasa por una de las peores crisis económicas, con una alta
deuda y una cifra de desempleo de 9.1%. La bolsa sube y baja como una montaña rusa.
Los consumidores son más cautelosos a la hora de comprar. Muchas familias
pierden sus casas, se declaran en bancarrota. Las divisiones políticas, los
insultos entre miembros de los dos partidos principales, el clima político en
Washington no puede ser más distinto que después del 11 de septiembre, donde
todos nos sentíamos americanos, por encima de inclinaciones partidistas o
ideológicas.

Aunque no se mencione a menudo, el gran costo económico de las dos guerras y de
las medidas de seguridad han contribuido considerablemente al déficit actual.
Nadie discute que dichas medidas fueran necesarias y posiblemente hayan evitado
nuevos ataques. . Pudieran existir gastos superfluos o formas más eficientes de
mantenernos a salvo, pero no se nos ocurre regatear sobre cuestiones en las que
nos va la vida.

En las dos guerras han muerto más de 6,000 soldados americanos y cientos de
miles de civiles en Afganistán e Irak. Ha habido miles de heridos, muchos que
han quedado sin alguna extremidad o peor aún, inválidos. Es un precio que no se
mide en dinero.

La crisis económica ha llevado a grandes recortes que afectan la educación; la
protección que nos dan la policía y los bomberos; la calidad de carreteras,
puentes, vías ferroviarias; los servicios médicos en hospitales y centros de
emergencia; las investigaciones médicas; las pensiones de quienes han trabajado
largos años, y un larguísimo etcétera. El columnista de “The New York Times”,
Paul Krugman, merecedor del Premio Nobel en Economía, comentó el pasado domingo
en el programa “This Week with Christiane Amanpour”, que el énfasis en el
déficit ha sido equivocado, cuando la preocupación debía ser el desempleo,
agravado por los recortes. Mencionó especialmente los cientos de miles de
maestros que han quedado cesantes.

¿Se ha pensado seriamente en el costo de estos recortes? ¿Qué sucederá cuando
baje el nivel de la educación, aumente la criminalidad, y no haya suficientes
policías o bomberos para protegernos?¿Cómo afectará un declive en el nivel de
educación el crecimiento económico del País? ¿Tendrá el sector privado a
suficientes jóvenes graduados en administración de empresas que puedan emplear
para ser competitivos mundialmente? ¿No es el capital humano un bien
imprescindible? ¿Qué le ha pasado a la solidaridad que unía al país hace una
década? ¿Es esta crisis producto de los ciclos inevitables de la economía y a
la larga resurgirá Estados Unidos más fuerte? O, por el contrario, ¿hemos
perdido el rumbo? Son preguntas a meditar en este triste aniversario

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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Una respuesta a El 11 de Septiembre: diez años después

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    Muy oportuna reflexión, Uva. Pienso que anteponer los intereses puramente partidistas por encima de los intereses nacionales es, ciertamente, perder el rumbo. Y plantear que la solución es dejar desamparados a los desposeídos, es también perder el rumbo. Pero estoy seguro que el rumbo se reencontrará…

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