El sapo viejo

sapo viejo, sapito glo glo

Sapito Glo Glo envejeció

Cuando mis nietos, ahora adolescentes, eran pequeños, estaban convencidos de que en mi jardín vivía el  Sapito Glo Glo, y de que yo tenía algún poder especial para comunicarme con el ruidoso huésped.  Lo cierto es que el  animalito parecía responder a mi voz cuando lo mandaba a callar.

Hace poco, tras una noche de lluvias, un gran sapo se refugió en mi portal.  Ese día, cosa rara, vinieron varias personas a casa. Los hacía pasar con
prisa, y una vez que ya habían entrado, les enseñaba al sapo.  Nadie le dio mucha importancia ni tomaron precauciones al marcharse.  Fueron mis  dos nietos mayores que desde sus seis pies de estatura cada uno, dieron tremendos saltos al verlo.  No creo en realidad que le tuvieran miedo.  Quizás, al igual que  a mí me entristece tener la certeza, no sólo de que no surgirá un príncipe si  beso al feo animal, sino de que en verdad no existen los príncipes, ni azules,  ni de ningún color, a ellos debió asustarles ver que aquel gracioso sapito de  la infancia es ahora un sapo viejo.  En fin, que los años no perdonan ni a los sapos. De todas maneras, me dio pena echarlo, y allí se quedó el día entero.
Ahora que miro la foto no me parece tan feo.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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