La estela de Estela Rasco

Diario Las Americas Publicado el 08-31-2011

El pasado domingo 21 de agosto murió en esta ciudad de Miami, Estela Pascual de Rasco, mujer de virtudes excepcionales. Conversadora, discreta e  inmensamente culta, jamás hizo alarde de sus muchos conocimientos. De
profunda fe religiosa, era tolerante al juzgar las debilidades humanas. Las  tristezas que pudiera albergar en su alma no opacaron jamás su alegría de   vivir ni la generosidad con que se daba a los demás. Tenía el don–no sé si   cultivado o innato– de prestar especial atención a quienes más lo  necesitaban. Si en una pareja uno de los dos se destacaba, ella dedicaba más   de su tiempo y elogios al otro. En cualquier grupo, Estela se desvivía para  que se sintiera bien el más tímido, el más solitario. Bienaventurados los  misericordiosos…

Era una mujer atractiva, de gracia y simpatía natural. Llevaba más de 60 años
casada con José Ignacio Rasco, destacado intelectual y figura pública. Supo
apoyarlo, aconsejarlo, acompañarlo cuando era conveniente, y también darle
libertad para desempeñar su trayectoria vital, segura siempre de las hondas
raíces del hogar que habían formado juntos. Como tantas mujeres cubanas al
llegar la Revolución, dejó atrás una vida cómoda, y en el exilio le dio
frente con entereza a estrecheces y soledades. Compartió cuanto tenía –y no
era mucho– con los jóvenes que luchaban por Cuba, en aquellos años en que el
regreso de la democracia a la Isla no parecía una quimera sino una realidad
alcanzable. Sin tener un papel protagónico, colaboró con sus esfuerzos.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia…

Trabajó en Miami, Virginia, Hialeah. Primero como maestra, luego como
bibliotecaria, carrera propicia para una mujer que amaba los libros, recitaba
infinidad de poesías de memoria y tenía un impecable dominio del español y el
inglés. Sabía ayudar a escoger al lector indeciso el volumen más afín a sus
gustos y a su edad. Nada de lo que aprendió en la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad de la Habana, cayó en saco roto. Lo utilizó en su
trabajo y en su vida diaria. Aunque la filosofía que guiaba su vida no se
aprende en las aulas. Creo que estaba bendecida por una gracia divina, que le
daba una infinita serenidad y un genuino “joie de vivre”. Poseía asimismo un
sentido del humor muy particular, difícil de describir, pero que quienes
tuvieron el privilegio de tratarla no olvidarán.

Madura desde joven, perduraba en ella –incluso cuando tenía ya la cabeza
cana–algo de niña pícara, juguetona. En apariencia extrovertida, había
lugares en su alma difíciles de alcanzar. Era pudorosa para mostrar sus
penas, y sin duda las tuvo. Bienaventurados los que lloran… Consolaba, sin
embargo, a los demás y poseía la habilidad de que muchos le confiaran sus
problemas. En las conmovedoras palabras que durante la misa fúnebre leyó en
nombre de los cinco nietos Annette Marie Rasco, destacó como su abuela tenía
la virtud, tan poco común, de saber escuchar. También de aconsejar y enseñar
con el ejemplo, la palabra dulce o alguna fábula propicia.

La familia, los amigos, su fe cristiana y Cuba fueron los cuatro puntos
cardinales de su vida. Nunca mejor puede decirse de un matrimonio, que Estela
era la otra mitad de José Ignacio Rasco. Para los hijos María y Joe, los
nietos, su hermano Carlos, los sobrinos, más que madre, abuela, hermana, tía,
fue sostén invisible, eje vital, amiga entrañable. Y para los amigos, fue
asimismo madre, abuela, hermana, tía.

La fe de Estela no se apoyaba en la repetición mecánica de oraciones o
rutinarios ritos semanales. Estudiaba la Biblia. Profundizaba en los
fundamentos de su religión. Conocer es amar, decía San Agustín. Tampoco Cuba
era para ella simplemente recuerdo e ilusión. Sabía su historia, su
geografía, su literatura. Amaba a la Patria en su esencia. Admiraba las
virtudes de sus conterráneos; perdonaba nuestros defectos.

Estela deja un vacío, pero también una estela de buenos recuerdos. Su velorio,
la misa de cuerpo presente, el sermón del Padre Mario Vizcaíno, que la
conocía bien, estuvieron envueltos de la natural tristeza que sentimos al
despedirnos de un ser querido, pero hubo un esfuerzo consciente de estar
alegres, pues así ella lo deseaba. Sin duda Estela ya contempla la Verdad
Divina. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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2 respuestas a La estela de Estela Rasco

  1. Julio A. Hernandez dijo:

    Que bien conocias a Estelita, mi querida Uva. He disfrutado esta semblanza que me trajo la presencia de ella, con todas las caracteristicas de sus virtudes, angustias y secretos. Sabes que soy afortunado de ser de su familia adoptiva desde mis años jovenes, y en todo ese recorrido no perdistes un solo detalle de su atrayente personalidad. Calro que aunque tristes hemos sido afortunados de disfrutar un ser tan especial. Quiero dejar este testimonio en tu blog que disfruto a ratos. Un abrazo , hermana querida. j

  2. Querida Uva:
    Siempre me sorprendes como escritora. Tienes el don de la observación, la síntesis, el dominio del lenguaje y el privilegio de ser poetisa. No conocí a Estela, pero tu retrato la acerca al lector de una manera tan intensa y bien dibujada que al final de la lectura me resulta familiar y querida sin conocerla.

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