El elefante invisible

Diario Las Americas
Publicado el 04-13-2011

 

La semana pasada, como en los cuentos de hadas, demócratas y republicanos estuvieron a punto de convertirse en cenicientas. A última hora, casi al filo de la media noche, la Casa Blanca y el Congreso lograron un compromiso sobre el presupuesto para evitar el cierre del gobierno federal. Hicieron bien. El costo económico hubiera sido astronómico y perjudicando la vida de millones de estadounidenses. Baste pensar en las familias de los soldados sin recibir el sueldo de quienes se juegan la vida a miles y miles de millas de distancia. Además, ambos partidos hubieran pagado un costo político. De cada lado del debate, se hubiera culpado al contrario.

La crisis, sin embargo, no se ha superado, sino aplazado. Por una parte el Presidente Obama alega que no se puede hacer cortes al presupuesto con un machete, sino con bisturí, de modo que aun si hubiera que hacer sacrificios, no se eliminen programas que son una inversión en el futuro del País, sin los cuales se estaría hipotecando el porvenir. Le preocupan especialmente la educación, la energía y problemas sociales fundamentales. Aunque concuerdo con este razonamiento, me hubiera gustado que la Casa Blanca hubiera esgrimido otro argumento adicional: hacer cortes severos cuando sólo se empieza a recuperar la economía, pone en peligro esa recuperación. Así ha sucedido en Inglaterra.

El Partido Republicano, que acaba de ganar mayoría en la Cámara, y tiene entre sus filas a recién estrenados congresistas del Tea Party, no sólo insiste en la necesidad de reducir el déficit, sino que aprovecha la situación para adelantar su agenda social. Por ejemplo, uno de los temas candentes que dilató el acuerdo fueron los fondos dedicados a la organización Planned Parenthood, que – dato curioso–, comenzó a recibir ayuda federal a partir de una ley firmada por el Presidente republicano Richard Nixon. Es cierto que Planned Parenthood, como argumentan los republicanos, incluye clínicas que llevan a cabo abortos — lo cual ampara la ley– pero también ofrece otros muchos servicios médicos a las mujeres, como mamografías, pruebas para detectar el cáncer cervical, tratamientos durante la menopausia, etc. El porcentaje del gasto federal a estos servicios es tan ínfimo con relación al monto del presupuesto, que se hace obvio que el objetivo no era buscar cómo reducirlo, sino imponer un punto de vista. El debate sobre este tema es importante pero no me parece que debe mezclarse con el del presupuesto. Evidencia, además, una contradicción en el pensamiento republicano, que mientras por una parte argumenta que el gobierno debe meterse lo menos posible en la vida de los individuos, por otra se empeña en controlar el acceso de las mujeres a la salud pública cuando no está de acuerdo con sus decisiones.

Aunque tal vez sea innecesaria, hago la aclaración: no estoy defendiendo el aborto; estoy criticando que los esfuerzos por balancear el presupuesto se desvíen por causa de creencias que contradicen las leyes actuales. Si uno no está de acuerdo con las leyes — lo sabe cualquier congresista, hasta al más inexperto– lo adecuado es tratar de cambiarlas, no sabotear algo tan importante como el presupuesto nacional para ganar puntos, en este caso con la extrema derecha.

Me parece curioso que en este debate ni siquiera los demócratas recuerden a los ciudadanos dos hechos fundamentales: uno, que cuando el Presidente George W. Bush llegó a la Casa Blanca al terminar los ocho años del presidente demócrata Bill Clinton, había un superávit y no una deuda nacional; y dos, que los gastos mayores durante la presidencia de Obama se deben a un plan de estímulo para rescatar una economía que encontró al borde del precipicio cuando tomó posesión como primer mandatario.

No culpo al Presidente Bush por los ciclos económicos que van más allá del control de cualquier presidente, aunque sea el del país más poderoso; pero sí creo que hay que cuestionar, por ejemplo, si los fondos astronómicos que se dedicaron a la Guerra en Iraq estaban justificados. Ese es un tercer tema que parece ausente del debate. Pese a la importancia de la seguridad nacional, especialmente después del 11 de septiembre, debe investigarse el buen manejo de los gastos del Departamento de Defensa. Existe, por igual, el asunto de la falta de regulaciones bancarias durante la administración anterior que permitió que se otorgaran hipotecas a diestra y siniestra a personas sin solvencia, lo cual, unido a otros factores, hizo explotar la burbuja del mercado de bienes raíces. En este ambiente florecieron, a grande y pequeña escala, los Madoff de este mundo.

Es cierto que los republicanos tienen control de la Cámara de Representantes porque fueron electos, pero de igual forma en dos años pueden ser devueltos a casita. A mí me parece que hay un elefante metido en el salón, y aunque nadie hable de él, no es invisible para los votantes. El tiempo dirá.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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Una respuesta a El elefante invisible

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    Es un sereno y justo análisis… aunque a muchos les duela!

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