José Martí: el ojo del canario

Diario Las Americas

Publicado el 03-23-2011 

Filmación de "José Martí: el ojo del canario"

El director Fernando Pérez con Damian Antonio Rodriguez durante la filmación

 Fernando Pérez es un director de cine cubano de extraordinaria sensibilidad. Ha dado sobradas muestras de ello en su producción fílmica, que incluye, entre otras, dos películas que hemos comentado en el pasado “La vida es silbar” y “Suite Habana”. Ahora nos ha regalado una verdadera joya con “José Martí: el ojo del canario”, basado en la vida del Apóstol cubano entre los 9 y 17 años. Escoger esta etapa de la infancia y adolescencia de “Pepito” es ya un acierto. Intentos anteriores de llevar al celuloide la personalidad de un hombre tan complejo y multifacético como Martí no han sido muy afortunados. La película, de dos horas de duración, tiene muchas capas. Para algunos puede ser simplemente la historia de un niño precoz, introvertido y sensible, y su desarrollo en tiempos difíciles hacia una temprana adultez. Muchos valorarán la recreación de la era colonial y la formación de un sentimiento nacionalista que lleva a choques, conflictos, abusos y violencia por un lado; y valor, resistencia y sacrificio por otro. Los cubanos sin duda la veremos con los ojos del corazón como parte de una historia muy íntima que nos acompaña desde la infancia. Por eso, los pasajes de Martí en la Hanábana (Jaguay Grande) a donde viaja con su padre para ayudarlo en la redacción de informes en 1862 –contaba con 9 años- y descubre la belleza de la naturaleza cubana, siente sus primeras urgencias eróticas, y la justa ira ante el horror de la trata de esclavos, nos remonta a nuestra propia niñez, cuando leímos por vez primera aquella carta de Martí niño a su madre – “Papá asegura que este gallo vale más de dos onzas; pero a mí me gusta más mi caballo y lo cuido engordándole como a un puerco cebón.”—y cuando también nosotros descubrimos el embrujo de la campiña cubana. Fueron los años en que Martí estuvo más unido a su padre y en que Cuba, por los cinco sentidos, se le metió para siempre en el corazón. La amistad con Fermín Valdés Domínguez, la relación con sus hermanas, la pobreza en el hogar, los estudios junto a Don Rafael María Mendive, las horas de lecturas y traducciones, el interés en la Guerra Civil en Estados Unidos son aspectos de la primera etapa de la vida del héroe cubano inscritas en el imaginario nacional. Cada uno hemos internalizado estos hechos a nuestra manera, y sin embargo, Fernando Pérez ha logrado reproducir la historia con fidelidad sin traicionar las visiones individuales que cada uno tengamos, sino, por el contario, enriqueciéndolas. Aunque la riqueza sensorial del filme es abundante – una Habana de contrastes sociales, con el ruido de los carruajes, las voces de los serenos, veladas de teatro y crecientes tensiones entre peninsulares y criollos –, Pérez ha plasmado, más que una biografía de Martí, el viaje espiritual de un niño predestinado a alcanzar la inmortalidad. Uno de los aciertos de Pérez, quien no sólo dirigió el filme sino escribió el guión en su totalidad, es su labor con Damián Antonio Rodríguez y Daniel Rodríguez en sus actuaciones, respectivamente, como Martí niño y adolescente. En ambos casos se utilizan los silencios como medio de expresión. La mirada de los actores, sus gestos, forma de caminar, dicen tanto o más que sus palabras. Muy bien desarrollados igualmente los personajes de los padres de Martí. Siempre pensamos en ellos como viejos, pero estaban en esa etapa en la plenitud de sus vidas. Don Mariano era un hombre bien parecido, asmático, genioso, de personalidad compleja, con amor a su familia, y un sentido de justicia y de lealtad a España que marcarían en gran medida a su único hijo varón. Las crónicas de la época describen a Leonor de tipo moruno, agraciada, gentil, hermosa. Sin duda veía algo especial en su hijo y se esforzó para que recibiera una buena educación. La película nos la devuelve como la madre joven y abnegada que fue. La rebeldía de Martí, Fermín y otros jóvenes contra la opresión colonial, la persecución de que fueron objeto, los trabajos forzados a que Martí fue sometido, la lucha de su familia por lograr la liberación del joven de aquellos grilletes que herían su carne y engrandecieron su espíritu, tienen una aterradora vigencia en momentos en que aún muchos pueblos sufren por falta de libertad y se levantan para conquistarla. “José Martí: el ojo del canario” ha tenido gran éxito donde quiera que se ha exhibido. En Perú, por ejemplo, recibió el premio del público. Pero es a los cubanos, dentro y fuera de la isla, a los que nos toca más hondo. Fernando Pérez ha llevado al celuloide una fibra muy íntima de nuestra historia. Lo ha hecho con dignidad, amor y su indiscutible genio artístico. Se lo agradecemos.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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Una respuesta a José Martí: el ojo del canario

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    Uva, gracias por darnos a conocer la existencia de la película. Sin duda alguna, hay que verla.

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