Merecido tributo a Maria Cristina Herrera / Reseña de Olga Connor

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En memoria de María Cristina Herrera, fundadora del IEC

María Cristina Herrera era más que profesora, intelectual, activista política o ferviente católica, era todo un personaje. Minusválida desde niña, hizo mucho más que muchos que tienen todas las aptitudes físicas consideradas “normales”. Fue además una persona muy controversial. En una época en que los exiliados cubanos llegados a Miami a principios de los 60 no querían saber nada de diálogos con ninguna persona de la isla, como tampoco los quedados en la isla se querían comunicar con el exilio cubano de cualquier parte, ella quiso establecer el diálogo.Fue esa visión o misión lo que llevó a Herrera a fundar el Instituto de Estudios Cubanos (IEC), en 1969, que ella operaba desde su casa de Coral Gables, en Blue Rd. y Red Rd. (significativamente: Carreteras Azul y Roja, diría Uva de Aragón, como los colores de la bandera cubana). A la vez, impartió clases de Ciencias Sociales en el Miami Dade College, por 34 años. Fallecida el año pasado, miembros del IEC, amigos y colegas ofrecieron un homenaje a su memoria en la sede del recinto Wolfson del Miami Dade College, hace poco más de una semana. Consistió en tres paneles, El legado, La Iglesia Católica y Cuba: economía, política y sociedad (este último se reseñará en otra ocasión). Estuvo patrocinado, además, por Cuban Research Institute, de Florida Internacional University (CRI) y la School of Theology and Ministry de St. Thomas University.

LA NOSTALGIA

La mañana estuvo dedicada a los panegíricos de María Cristina Herrera en boca de sus más cercanos colaboradores, destacando su legado para los cubanos. El moderador, Javier Figueroa, profesor de la Universidad de Puerto Rico, dijo que “María Cristina no era una minusválida sino una superválida”. Los participantes fueron el preboste del MDC Rolando Montoya; Uva de Aragón, del CRI; el coleccionista Emilio Cueto, y el amigo de la juventud de Herrera en Santiago de Cuba Humberto Esteve.

“María Cristina fue un ejemplo excelente que demostró que cuando se tiene voluntad se puede vencer cualquier limitación. También fue una profesora muy carismática con un método multidisciplinario que siempre atrajo la atención de los estudiantes, e inculcó además un sentido de responsabilidad cívica y social”, expresó Montoya.

Esteve dio su versión del pasado de Herrera en Santiago de Cuba y de su fuerte regionalismo. Desde los 13 años participó en la Juventud Católica. Sus padres la alentaron. En enero de 1959, era profesora en la Universidad de Oriente donde se conectó con figuras de primer orden. En el verano de 1960 ya estaban conspirando contra la Revolución en la casa de ella y allí estaba Esteve. Ella aprendió entonces a aceptar la diversidad: masones, marxistas y otros junto a católicos, comentó su amigo.

Cueto estuvo tan emocionado que apenas pudo hablar. “No sé cómo caí en esa primera reunión de 1969 [del IEC]”, declaró. “Era una búsqueda profunda de lo que pasaba en Cuba”. Siempre se estaba comunicando por correo, teléfono, internet. Cuando se iba a celebrar en Harvard los 20 años del IEC, Herrera le pidió una historia teatral e iconoclasta de Cuba, que después fue también un éxito en Miami. Dijo entonces que ella era un punto de apoyo para las más diversas personas que querían comunicarse con la isla. “Tenía la vocación de servicios permanentes”.

De Aragón recordó que fue el profesor universitario Leonel de la Cuesta quien las presentó en 1978. A partir de 1992 comenzó a colaborar con el IEC y llegó a ser miembro de la Junta Directiva. Esto las unió aun más y la inspiró en la actitud de diálogo, encuentro y debate amistoso que se realizaba en su casa. Destacó El vuelo de la mariposa, libro de Herrera, que ella presentó en su momento diciendo: “Quiere que todos tendamos puentes, dialoguemos, nos abracemos. Apuesta por la reconciliación. El perdón. El amor. La paz”. Hizo además un juego de palabras con el prefijo “pre” de prematura, (razón de la incapacidad física de Herrera), ya que fue preceptora, preparada, predestinada, preguntona, precursora, etc. No tuvo hijos pero dejó muchos huérfanos, concluyó De Aragón.

SORPRESA: EL PADRE

JOSE CONRADO

Una de las sorpresas de la reunión fue la presencia del padre José Conrado, que apenas había llegado de Cuba. El fue el centro de interés del panel sobre la Iglesia Católica, que tenía a Loly Espino de moderadora, la religiosa Ondina Cortez, el sacerdote Fernando Heria y a Yolanda Prieto, profesora de Sociología en Nueva Jersey, como participantes. Conrado confesó que cuando escribió un ensayo en 1974 titulado El futuro de la Iglesia en Cuba (de 40 folios e inédito), no contó con el exilio. Fue cuando conoció a Herrera que descubrió que el futuro tiene que contar con el exilio. “Hay que mirar más allá del dolor y el resentimiento”, dijo. También dio testimonio de las conversaciones que Herrera sostenía con los Obispos en Cuba, y las cosas que ella llegó a decir allí “con una fidelidad a la verdad”.

Prieto hizo una historia de la Iglesia en Cuba desde el siglo XVIII. Destacó los esfuerzos actuales para relacionar a católicos de ambas orillas, que desde 1997 contaron con Heria y Cortez, para adelantarse en las preparaciones de la visita del Papa. Ambos relataron todos los aspectos de este diálogo en comunión entre isla y exilio. • 

olconnor@bellsouth.net

Javier Figueroa, Humberto Esteve, Emilio Cueto y Uva de Aragón

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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