Las lecciones de Egipto

Manifestantes en Egipto piden fin a las injusticias

Diario Las Americas
Publicado el 02-16-2011

Los días de manifestaciones en Egipto que lograron la renuncia del dictador Mohamed Hosni Mubarak son de tal significado histórico que serán sin duda causa de estudio por muchos años. Podemos, sin embargo, reflexionar sobre algunas lecciones claras. Recordemos la frase tan manida como cierta: “la historia si no siempre se repite, tartamudea”.

Hace poco más de un siglo, en 1906, un incidente menor –tres oficiales ingleses que cazaban palomas mataron accidentalmente a una mujer egipcia– dio comienzo a un movimiento nacionalista, que al final llevó a los ingleses a otorgar en 1922 la independencia a Egipto, entonces su protectorado, aunque continuó por varios años más la presencia militar e intromisión en los asuntos del país. Los egipcios sin embargo retuvieron lo que consideraron más positivo de sus antiguos colonizadores y crearon un sistema parlamentario.

Hemos visto de nuevo como un hecho en apariencia menor –la frustración de un vendedor de frutas en Túnez– puede llevar a una serie de eventos en cadena que alteran el curso de la historia. Esta vez el cambio tuvo lugar en pocas semanas porque los procesos históricos se han acelerado en nuestros tiempos.

A la vez, la alianza de Estados Unidos con Mubarak en aras de la estabilidad en la región, ha traído resultados inesperados. La cercanía a Occidente, pese al control que tratara de mantener el régimen autocrático, ayudó en la creación de un ejército moderno con una serie de valores que lo llevó en este momento crítico a apoyar a su pueblo frente al dictador. Quizás más importante aún, las reformas económicas que comenzaron en Egipto hace un lustro y la labor de grupos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, influyeron en la creación de una nueva generación, conocedores de las redes sociales y de las constantes violaciones de los derechos humanos.

La cadena noticiosa Aljazeera ha jugado también un papel crucial. Facebook, Google, Tweeter, los blogs, fueron las armas que se utilizaron para burlar la censura y los controles, y organizar las manifestaciones pacíficas que hallaron eco en una población harta no sólo de falta de libertad sino de oportunidades para mejorar económicamente. También de pan vive el hombre.

Me parece claro que la influencia de la cultura y la tecnología norteamericana ha sido un factor clave. Cierto que la alianza de Estados Unidos con Mubarak no tenía este propósito y que incluso los acontecimientos parecen haber sorprendido a Washington, pero sería útil que comprendieran el valor de lo que hoy en día se conoce como “soft power” –es decir, la influencia a través de la diplomacia, la ayuda humanitaria, los intercambios académicos, el turismo, las organizaciones culturales, etc.– muchas veces de más alcance y menor costo que los poderes duros. Quizás convenga entonces meditar si en verdad es útil aislar a los dictadores o si es mejor apostar porque las relaciones, aún con gobiernos dictatoriales, de alguna forma afectan también a los pueblos y ejercen un poder incalculable.

Me parece importante señalar que la democracia no se construye en las plazas ni las elecciones precipitadas garantizan su permanencia. Es el momento de que las ONG canalicen su ayuda para asistir a los egipcios a organizarse políticamente. No se puede ir a las urnas hasta que no florezca la prensa libre y los recién creados partidos políticos puedan desarrollar y exponer a los votantes sus plataformas. Apresurar el proceso electoral es tan peligroso como dilatarlo en exceso.

En Junio de 2009, el Presidente Obama escogió Egipto para hablar de un nuevo comienzo en las relaciones entre Estados Unidos y los musulmanes de todo el mundo, basadas en intereses comunes y respeto mutuo. Insistió en que Estados Unidos y el Islam compartían los mismos principios “de justicia y progreso, tolerancia y dignidad para todos los seres humanos.”

La administración del Presidente Obama no reaccionó con una voz unida ante los acontecimientos y no mostró desde el comienzo un apoyo decidido a las fuerzas nacionalistas, populares, democráticas y modernas que irrumpieron en Egipto. (Pienso que lo mismo hubiera sucedido con una administración republicana.) Se comprende el temor de que extremistas musulmanes pudieran beneficiarse del momento; pero mientras más se demoraba el apoyo a un movimiento obviamente pacífico, menores eran las posibilidades de influir sobre el proceso en marcha. Naturalmente, que en política las cosas nunca son sencillas. Tampoco los Estados Unidos podían abandonar de inmediato a un aliado militar, ni sabemos en verdad lo que pudo haber sucedido tras bambalinas. Eso quedará para los futuros historiadores.

Sin duda las manifestaciones en Egipto están teniendo un efecto dominó cuyo resultado es aún desconocido. La mayor revolución del Siglo 20 fue el avance de la tecnología. Esos adelantos han causado una convulsión de efectos insospechados en gran parte del planeta. La efervescencia democrática que recorre al mundo árabe en estos momentos es una de sus consecuencias en el terreno político.

Parecería prudente que las cancillerías del mundo occidental aprendieran formas constructivas de aprovechar los vientos que soplan. No estaría mal que los dictadores de todas partes pusieran en remojo sus barbas. Para ponerse a salvo con sus fortunas, apenas quedan ya guaridas.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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Una respuesta a Las lecciones de Egipto

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    Muy bueno tu análisis del soft power. De hecho, EE.UU. mantiene exelentes relaciones con otras distaduras, como las de Arabia Saudita y China. Bueno recordar que Reagan optó por una variante similar ante la extinta URSS, y dio resultado. Eso debe ser válido para todas.

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