Las calles son del pueblo

  Diario Las Americas
Publicado el 02-02-2011

Las calles son del pueblo 

Marcha del Millón, Plaza Tahrir, El Cairo

 Comenzó a mediados de diciembre cuando un vendedor de frutas tunecino se prendió fuego  y desencadenó la revuelta que en pocos días derrocó a Zine El Abidine Ben Ali tras 23 años en el poder. Apenas unas semanas después tuvo lugar un hecho similar en el Cairo: un hombre intentó inmolarse delante de la Asamblea del Pueblo. Continuaron las hogueras humanas varios días hasta que miles y miles de egipcios se movilizaron en manifestaciones antigubernamentales. La mayoría son jóvenes y se comunican por Twitter y Facebook. Es una Revolución del Siglo 21. ¿Qué piden? Vivir mejor. Es decir, tener buenos empleos, movilidad económica, dar el salto a la modernidad. Entienden que es tarde para que el presidente Hosni Mubarak, de 82 años, que ha gobernado con mano de hierro al país por tres décadas, sea el artífice de las reformas. El clamor general es ¡fuera Mubarak! Han perdido el miedo.

Los primeros momentos fueron confusos. Más y más manifestantes se apoderaron de las calles de varias ciudades, a pesar de la prohibición de las autoridades. La policía intentó controlar la situación. Hubo detenciones, palos, heridos, disparos, muerte. Pero los egipcios no se fueron para sus casas. Les cortaron el acceso al Internet.

Tampoco desistieron. Si los tunecinos lo han hecho, también podremos los egipcios, declaró el opositor moderado y Premio Nobel de la Paz Mohamed ElBaradei que regresó del exilio. Mubarak quiere negociar, pero está en una posición de debilidad. Debió dar la orden de que no hubiera más represión. Tal vez pensó que comenzaría el pillaje y el caos que desacreditarían la revuelta popular. No le faltó razón. Pero el pueblo formó sus milicias y protegió sus instituciones y propiedades. Restableció el tono de reclamos legítimos.

El ejército es altamente respetado y querido en Egipto. Pronto se vio a los soldados paseando a los manifestantes subidos a los tanques. ¿Obedecería el ejército una orden de disparar al pueblo? Todo indica que no. Mubarak hace cambios en el gobierno, y, bajo presión de Estados Unidos, restaura al acceso al Internet, promete un diálogo nacional, reformas. Pero los manifestantes siguen dueños de las calles pidiendo que se marche el dictador. Mientras escribo estas páginas la gran marcha contra el presidente desborda la Plaza de la Liberación y sus alrededores, pese a que hayan suspendido trenes y cerrado calles y redes electrónicas. Se ven familias con niños que quieren que los pequeños sean testigos de un momento histórico. Han emplazado a Mubarak para que deje el país a más tardar el viernes.

Los Estados Unidos tienen mucho en juego. Mubarak ha sido un aliado y dudan si es ya momento de abandonarlo. A principios de su administración, el Presidente Obama dio un discurso en el Cairo donde habló de las nuevas generaciones y sus derechos a vivir en sistemas democráticos que respeten los derechos humanos. Es precisamente lo que reclama el movimiento actual en Egipto, que parece ser secular, moderado y moderno. La lección de Irán, donde el apoyo al Sha resultó fatal para los Estados Unidos, reaparece como un fantasma temible. El ejemplo de Turquía ofrece esperanzas de que un cambio de gobierno no tiene necesariamente que llevar al fanatismo islámico. ¿Por quién apostará Estados Unidos en esta crisis que no vieron venir? ¿Por el viejo aliado que no responde a los intereses del pueblo egipcio y puede muy bien ser derrocado en breve? ¿Por un movimiento que responde en estos momentos a principios inherentes al sistema americano pero que se teme pueda ser controlado por los Hermanos Musulmanes u otras fuerzas extremistas? ¿Es posible mantener una política neutral en espera de ver los resultados? ¿Basta con abogar por una transición pacífica o es necesario una postura más comprometida? Hasta ahora nada hace indicar que se trate de un movimiento antioccidental, sino el reclamo legítimo de un pueblo cansado de falta de libertades y oportunidades. Esas revueltas pueden tener sin duda un efecto dominó.

¿Hasta dónde llegarán? Ya el Rey de Jordania, que ha visto las barbas de su vecino al fuego, ha comenzado reformas en su país. Los acontecimientos en Egipto tienen implicaciones para la seguridad nacional y para le economía de Estados Unidos, pues de hecho ya la crisis ha afectado los precios del petróleo. Es un momento definitorio para el Presidente Obama, donde se pone a prueba su visión, su capacidad como estadista en un mundo que cambia con la misma rapidez que hoy se envía un mensaje electrónico.

Israel también observa los acontecimientos con preocupación, puesto que en el mundo árabe, Egipto, con el que mantiene un acuerdo de paz, ha sido un factor estabilizador para ese pequeño país. En otras partes del mundo, como China y Cuba, apenas se publican noticias al respecto. No quieren mostrar las imágenes de un pueblo dueño de las calles pidiendo la salida de un dictador.

La situación es tan fluida que podría cambiar antes de que estas reflexiones vean la luz. Me atrevo, sin embargo, a hacer algunas predicciones. Un factor clave en el desenlace de los eventos es el ejército, y su papel, incluso más que el de cualquier potencia extranjera, será fundamental. Si Mubarak sale por un momento del autismo político que ha padecido y negocia su salida pacífica del país; si el ejército garantiza la calma en un período de transición con vías a un proceso electoral en unos meses; si las nuevas generaciones que han sabido utilizar las herramientas de su tiempo para adueñarse de las calles, las usan por igual para organizarse políticamente y llevar a cabo reformas sociales y económicas dentro de un marco democrático, seremos testigo del triunfo de la primera revolución del Siglo 21.

Comprendo que esta visión es optimista. Me aferro a ella porque creo que la comparte la gran mayoría del pueblo egipcio, de milenaria cultura, al que he observado expresarse libremente en las calles de su país. Ojalá, por el bien de todos, que no me equivoque.

 

 

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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2 respuestas a Las calles son del pueblo

  1. Laura dijo:

    Los tiempos modernos, más modernos que los que el mismo Chaplin ha mostrado en su film, se desarrolla con la rapidez de la luz. Así como en otros momentos, la Guerra del Golfo fue la “Guerra televisada”, la Revolución del Cairo, es la “revolución informatizada”. No por nada el dictador interrumpe internet.
    Quizás, como dices, estamos asistiendo a una revolución del siglo 21, con otras características, un tanto “más pacíficas” pero no por ello menos fuerte que otras.
    Excelente tu artículo!

  2. Armando R. Carvallo dijo:

    Muy bueno tu análisis. Yo creo que no te equivocas (ojalá no me equivoque yo también), y ojalá el efecto dominó que empezó en Túnez no se detenga en Egipto, y si llega a cruzar el Océano… ¡Hallelujah!

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