El legado de John F. Kennedy y Martin Luther King, Jr.

Diario Las Americas
Publicado el 01-19-2011

El Presidente John F. Kennedy y Martin Luther King, Jr.

 

El 20 de enero se conmemoran cincuenta años de la toma de posesión del Presidente Kennedy y de su ya famosa frase “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti sino lo que tú puedes hacer por tu país”. También el día 17 se celebró el nacimiento de Martin Luther King, Jr., cuyas luchas a favor de los derechos civiles transformaron a los Estados Unidos y lo acercaron al ideal expresado por los padres fundadores de la Nación: que todos los hombres (y mujeres) sean iguales ante la ley.

La revolución pacífica encabezada por King contó con muchos detractores, pero también con el apoyo decisivo de parte de la ciudadanía y de algunos políticos –entre ellos los hermanos Kennedy y el Presidente Lyndon B. Johnson– con la capacidad para comprender que en una democracia no podían existir ciudadanos de segunda categoría. El valiente pastor negro fue abriendo las puertas de la oportunidad a los de su raza; y al hacerlo, señaló el camino para que también las mujeres y demás minorías de Estados Unidos fuéramos conquistando nuestros propios derechos.

El recuerdo de Kennedy y de King, ambos figuras públicas que murieron asesinadas, nos brinda una oportunidad propicia para meditar sobre un tema que está actualmente de nuevo en el centro del debate nacional: el tono del discurso político y el efecto que pueda tener en personas desequilibradas. Pese a múltiples teorías, algunas bastante convincentes, nadie ha demostrado de forma incuestionable que Lee Harvey Oswald o James Earl Ray fueran parte de una conspiración. Sin embargo, aunque ambos pudieran haber sufrido algún desequilibrio emocional, no cabe duda de que esos asesinatos, como el de Robert Kennedy, tuvieron lugar en una etapa en que había frustración, miedo e ira en varios sectores de la población, pese a que tanto King como los hermanos Kennedy y luego el Presidente Johnson, hicieran constantes llamados a la sensatez y los métodos no violentos.

La terrible masacre que acaba de tener lugar en Tucson, Arizona no es consecuencia directa de los altos decibeles del discurso político, como declararon tanto el Presidente Barack Obama como Sarah Palin, líder de la agrupación conservadora Tea Party. Pero sin duda –factor que no concede Palin– la violencia verbal, las metáforas con lenguaje bélico, las imágenes de figuras políticas armadas y disparando, contribuyen a exaltar los ánimos de una persona como Jared Loughner. No sorprende que se ensañara con una figura pública como la congresista Gabrielle Giffords.

Todo parece indicar que la muerte sin sentido de seis víctimas inocentes, entre ellas la niña Christina Taylor Green, ha motivado una reflexión a nivel nacional sobre tres importantes temas: el tono del discurso político, mejor control sobre quién debe poder comprar armas y municiones, y recursos legales necesarios para intervenir cuando haya síntomas de desórdenes mentales. Ninguno de estos asuntos son fáciles, pues plantean cómo se define esa línea, a veces difusa, entre los derechos individuales, base de la democracia, y la protección de la ciudadanía. Es decir, ¿cuándo puede limitarse el derecho a la libre expresión, a portar armas y a la privacidad, en aras del bien común?

Hace medio siglo el Presidente John F. Kennedy pidió a sus conciudadanos que no se preguntaran cómo el gobierno les podía resolver los problemas sino que fueran capaces de servir a su país. Martin Luther King, Jr. vivió y murió en busca de un sueño, que incluía la conquista de los derechos civiles para los negros, pero también la supervivencia de una nación unida, donde todos fuéramos en verdad realmente iguales ante la ley. Ambos lucharon por la armonía entre personas que pensaran y sintieran de formas distintas. Comprender que vivimos de nuevo tiempos tumultuosos, y trabajar juntos en busca de ese equilibrio es la mejor manera de rendirle hoy homenaje a ambos. Y también a Christina Taylor Green, la niña nacida el 11 de septiembre de 2001 y muerta de un balazo a los nueve años, como si la violencia del mundo de los adultos signara su breve vida.

 

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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Una respuesta a El legado de John F. Kennedy y Martin Luther King, Jr.

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    Muy bueno tu análisis. Yo pienso que el bien común está por encima de cualquier otra consideración, y de la misma manera que estoy de acuerdo con el scan corporal en los aeropuertos (y eso atenta contra “mis” derechos), hay que ponerle coto a la “forma” de expresar las ideas; y hay que ser más severo con la autorización a adquirir armas. Las regulaciones están, pero este señor fue debidamente autorizado a comprarla, y creo que había datos de sobra para habérselo negado. Otra cosa: creo que mucho menos dañino a la civilización son los juegos de azar y la prostitución, que los juegos de matar gente en celulares y computadoras de los niños… y vean en cuántos lugares están prohíbidos los primeros.

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