Otra rama se desprende del árbol

Diario Las Americas
Publicado el 01-12-2011

Uva de Aragón y su hermana Silvia, 2005

En la madrugada del 7 de enero murió en esta ciudad de Miami a los 93 años de edad, mi hermana mayor, Silvia de Aragón, viuda de Smith. Hijos del primer matrimonio de mi padre, Ernesto R. de Aragón con Mercedes Godoy, Silvia y nuestro hermano Ernesto, fueron parte importante de mi infancia. En realidad, de toda mi vida. Uno de los misterios de la muerte es que nos trae a la memoria imágenes muy precisas del pasado. En estos días he recordado a mi hermana cuando era joven, casada desde 1940 con el gran amor de su vida, Jorge Smith Dechapelles. Me ha parecido verla en la consulta de mi padre en la Calle 23, pues fue por muchos años su asistente. Todos los domingos después de misa Silvia y Jorge iban a nuestra casa a tomar un aperitivo y escuchar discos del trío Los Panchos. Eran aquellos de 78 revoluciones… Me acuerdo de cosas tontas, como cuando Silvia aprendió a manejar y mi hermana Lucía y yo nos reíamos de ella; y de cosas alegres, como el nacimiento de sus hijos, Silvia María en 1952 y Jorge Ernesto dos años más tarde, bebés esperados por muchos años, y que trajeron una gran dicha a nuestra familia. Y siento su presencia en momentos tristes como aquel domingo de enero en que murió nuestro padre.

Silvia y Jorge y sus hijos vinieron con su madre a Miami en 1960, como tantos cubanos, por oponerse a la Revolución. ¡Qué felicidad el reencuentro con ellos aquí en el verano de 1964, después de una separación de cinco años! En lo sucesivo, hasta que nos mudamos para esta ciudad en 1978, cuando veníamos de vacaciones cada verano no dejaban de invitarnos a comer a su casa de Westchester. Jorge era siempre el cocinero, e invariablemente nos servía “coq au vin”. Esos primeros tiempos de exilio fueron duros, pero lograron fundar SilMar Electronics, nombre inspirado por el de su hija, y hoy una empresa administrada con gran éxito por su hijo. Fueron saliendo adelante. Mercedes estuvo cinco años confinada a una cama y nunca he visto a una hija cuidar a su madre con mayor devoción que como lo hizo Silvia.

Después que la madre falleció y los hijos se casaron disfrutaron de años muy felices. Pasaban los veranos en Marco Island, donde en ocasiones invitaban a mi madre y mi segundo padre a quedarse con ellos por varios días, pues se querían mucho. Algunos fines de semana también mi familia y yo gozábamos con ellos de la playa, la hora del aperitivo en el balcón frente al mar y la cocina de Jorge, para entonces ya un gran chef. Asimismo a menudo la familia se reunía para almuerzos dominicales en la terraza de la casa de Silvia y Jorge.

Cuando le diagnosticaron leucemia a Jorge en 1986 y murió en pocos meses, en Noviembre de ese año, Silvia sufrió una verdadera crisis nerviosa. Pero el amor de sus hijos, el cuidado de sus médicos, el cariño de la familia y su fe en Dios hicieron que lo superara. Como hizo con sus nietos Willie y Sissie, ayudó a criar a su bisnieto Julián, hoy de 13 años, quien fue una de las grandes alegrías de sus últimos años. Silvia era de esas damas cubanas que acudían sin falta a su cita semanal con la peluquera y la manicure. Siempre iba bien vestida, y mantuvo hasta el final su porte elegante. Fue extremadamente trabajadora y responsable. Hasta un año antes de su muerte iba semanalmente a SilMar, donde consideraba que su presencia era aún útil. No todo eran responsabilidades. Le encantaba salir con sus amigas, los conciertos de Chía y los de Mara y Orlando. No se perdía un domingo de Gratelli. Disfrutaba los fines de semana en casa de su hija Silvia María, y la cena de Thanksgiving en la de su hijo Jorge.

Tuvo la suerte de tener por veinte años a Margarita, una colombiana simpática, eficiente y buena, que la cuidó hasta sus últimos momentos, y quien ha pasado a ser parte de la familia, lo mismo que Carmenza y Estela, que la atendían y mimaban por igual, y quienes a su vez encontraron en la casa de Silvia calor de hogar.

Silvia no era una persona expresiva, pero había en ella una callada ternura. No mostraba su cariño con caricias ni palabras halagadoras, sino con su ejemplo y sus acciones. Asistió orgullosa a la presentación de todos mis libros, incluso el último, en 2009, aunque ya mi hermana caminaba con lentitud. Nunca, ni en su vejez, se quejó de nada. Jamás habló de los sacrificios que hizo en su vida, y sé que no fueron pocos.

Si tuviera que resumir su personalidad y su vida, diría algo muy sencillo: Fue una mujer buena. Por eso en los días finales de su vida –ese largo y doloroso proceso de aprender a morirse– estuvo rodeada del cariño de sus hijos, 11 nietos y cinco biznietos, de sus colombianas queridas, de primos, sobrinos y amigos, de parientes que desde Argentina, España, Washington, D.C. llamaban a interesarse por ella.

Hace pocas horas la hemos despedido con una misa y dejado sus restos en el cementerio junto a los de su esposo y su madre. Todos nos abrazábamos entre lágrimas apoyándonos unos en otros. No puedo dejar de pensar en los versos de Bécquer: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! Pero no es cierto. La soledad es nuestra, no de ellos que están en un lugar mejor. Cuando perdemos a los padres, se remueven las raíces. Cuando se nos muere un hermano, es como si nos cortaran un brazo. Otra rama se desprende del árbol familiar. Silvia de Aragón Smith había ya cumplido su misión en esta vida. Se fue en paz. Pero con ella se me mueren de nuevo mis padres, mi hermano, mi infancia habanera; se acallan lentamente las guitarras de Los Panchos que resonaban en la casa aquellos domingos felices.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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10 respuestas a Otra rama se desprende del árbol

  1. Gerardo Piña Rosales dijo:

    Querida Uva:
    Siento mucho el fallecimiento de tu hermana. La gente suele decir “Ah, pero vivi’o noventaitantos años”, como si eso minimizara el dolor que siente el deudo. Todo lo contrario: el haber vivido muchos años significa que las experiencias comunes, los momentos de alegr’ia compartidos, etc. fueron muchos. En otras palabras: a m’as años compartidos, m’as se siente la ausencia del ser amado.
    Un abrazo
    Gerardo

  2. Marlene Moleon dijo:

    Muy tierno. La muerte es parte de la vida. Me gustaría tener el espiritu de los mexicanos que celebran a sus muertos con fiestas y dulces, pero tenemos algo de alma griega ante la muerte.

  3. Querida Uvita, lindo, sencillo y sentido el obituario de tu hermana Silvia, que no recuerdo haber conocido.
    Me trajiste inmediatamente a la memoria la muerte de mi hermano Pedro hace ya casi 3 anos, para la que no estabamos preparados por ser el hermano menor.
    Para mi, la muerte no existe; es la desaparicion de la crisalida que se convierte en mariposa, para seguir su aventura por los “diez mil mundos”, como dicen los budistas.
    Siempre estas en mi corazon, pero ahora mas que nunca tu y Lucia estaran alli.
    elena

  4. Uva, qué tributo tan lindo y tierno a la memoria de tu hermana…Pero como bien dices, no se quedan solos los que se van, parte de ellos queda aquí, en sus hijos, en los recuerdos que han dejado,
    un abrazo cariñoso desde Taos

  5. Armando R. Carvallo dijo:

    muy bonito, Uvita, muy bonito… ¡descanse en paz!

    • uvadearagon dijo:

      Gracias a todos los que por este medio o escribiéndome directamente a mi correo me han expresado su pésame por la muerte de mi hermana. El cariño de familiares y amigos es siempre el mejor antídoto para la tristeza. Los abrazo a todos. Uva

  6. Lourdes Geller dijo:

    Querida Uvita:
    Hoy, con mas detenimiento y tranquilidad, he vuelto a leer este articulo con el que has hecho un tributo tan lindo a tu hermana Silvia. Se que, desde el cielo, ha de sonreir complacida ante algo tan lleno de carino y de lindos recuerdos. De nuevo te felicito con mi carino de siempre.
    Lourdes

  7. Laura dijo:

    Querida Uva,
    por vez primera entro a tu blog y me encuentro con esta noticia, tardía ya. Sé- porque lo has manifestado cuando nos conocimos- lo que tus hermanos y tu familia representan para vos. Desde ya mi más sentido pésame por la pérdida, pero recuerda que las personas queridas no mueren, sino que viven en nosotros siempre.
    Desde Argentina, un abrazo entrañable

  8. Rita Geada dijo:

    Uva querida: A través de tu artículo te he acompañado en el dolor de esta pérdida que
    yo desconocía. Tu hermana seguirá viviendo en tu memoria y en la de la familia que la amó. Muy sentidas tus palabras. Descanse en paz Silvia.
    Un abrazo, Rita

  9. cecilio1942 dijo:

    Querida Uva: como sabes, también he tenido la profunda pena de perder a mi hermana. Tus sabias palabras dedicadas a tu hermana las comparto: «se me mueren de nuevo mis padres, mi hermano, mi infancia habanera; se acallan lentamente las guitarras de Los Panchos que resonaban en la casa aquellos domingos felices». Comenzamos a morir nosotros mismos cuando fallece un ser querido, más cuando es de la familia. Pero seguimos adelante en homenaje a ellos, nuestros muertos que siempre nos apoyaron. Un cordial abrazo

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