José Ignacio Rasco, mi maestro

Diario Las Americas
Publicado el 11-17-2010

José Ignacio Rasco, mi maestro

José Ignacio Rasco es un hombre multifacético. Político, periodista, ensayista, profesor. Estudió Derecho, y Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Abrió con su hermano Ramón el bufete Rasco y Bermúdez en la Calle O’Reilly. Ejerció como abogado pocos años, pero se convirtió para siempre en defensor de las causas justas. Los estudios filosóficos han debido guiarlo para ver en toda ocasión más allá de las metas físicas. Fundó en la Cuba de 1959 el Partido Demócrata Cristiano en un momento en que tanto la democracia como la Iglesia estaban en peligro. Nunca ha temido nadar a contracorriente. Ya antes, cuando muchos de su generación abrazaban la violencia revolucionaria, él veía una Liberación Radical en las urnas, y apoyó la lucha contra Batista con votos y no balas.

Publicó sus primeros artículos en el periódico “Información” de La Habana. Muchos otros han visto la luz en estas páginas de “Diario Las Américas”. Sus columnas se han caracterizado por un estilo definido, de frases cortas, cortantes; de juegos conceptuales que probablemente aprendió leyendo a los clásicos del Siglo de Oro. Domina el lenguaje. Crea y recrea. Retoza con las palabras. Utiliza el humor para decir cosas muy serias. Divierte y enseña. Lo mismo hace en sus ensayos más largos. Es cierto que el estilo es el hombre. Pero por sus obras los conoceréis. Y en Rasco hay que ir al fondo de sus temas para advertir los cuatro puntos cardinales de su trayectoria vital: la familia, Cuba, el mundo y Dios. Nada humano ni divino le es ajeno. Tiene la curiosidad de un niño. También hay algo infantil en la pureza y malicia de este hombre que desde joven fue maduro.

Comenzó su carrera docente en las aulas del colegio de Belén donde él y sus hermanos se educaron. Más tarde enseñó en la Universidad de Villanueva, y, en el exilio hizo otro tanto en Florida International University y Biscayne College, (ahora St. Thomas University) . Pero no sólo en el aula ha sido profesor. Sus muchas conferencias, sus comparecencias radiales en la “Universidad del Aire” que dirigió por años inspirado en Jorge Mañach, las reuniones y ciclos de conferencias del Instituto Jacques Maritain de Cuba, su labor en la Biblioteca Ramón Guiteras y en la Editorial Cubana Luis J. Botifoll, han servido para que nos ofrezca mucho más que una muestra de sus amplios conocimientos de tantas materias. La lección mayor que nos ha dado ha sido la de su propia vida, ejemplo de hombre cívico, que escoge las letras en vez de las armas, el diálogo y no el monólogo, la tolerancia en lugar de la intransigencia. Aprendió con San Agustín que el conocimiento es amor. Repite a menudo y practica uno de sus consejos: “En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad.” Como San Ignacio, es hombre de acción. Como el santo vasco, diplomático, líder.

Hombre universal, es el más criollo de los cubanos, aunque desde hace medio siglo no haya podido ver las palmas, que como novias, lo enamoran y esperan. Padre, abuelo y bisabuelo, mantiene aún ternura de nieto. Querendón y caballeroso, nadie ha sido tan fiel como él a Estela, la compañera desde los años universitarios. Ha compartido con presidentes y reyes; considera a los amigos su mayor riqueza. Su casa ha estado perennemente abierta a tertulias y saraos. Siempre recibe con licores y sonrisas. Su generosidad es proverbial. En vacas gordas o flacas.

Ha viajado medio mundo y devorado centenares de libros. Se siente cómodo en el hogar, leyendo y releyendo a Martí. Es riguroso y bromista. Lógico y espontáneo. Espiritual y goloso. Pies en tierra, tiene mucho de Sancho. Pluma en ristre, intenta desfacer entuertos como Don Quijote. Muchas veces lo logra.

Conozco a Rasco desde mi adolescencia habanera. Ha sido no sólo un amigo, sino un maestro, un mentor. Pocas personas han influido tan profundamente en mi formación intelectual. Por eso y tanto más, aplaudo con entusiasmo el acto en su honor que prepara el colegio de Belén, donde no sólo fue alumno y profesor, sino donde trabajó muchos años en el Departamento de Desarrollo, precisamente en los tiempos en que el colegió se expandía de su pequeño local en la Calle 8 a sus amplias instalaciones de hoy. Fue igualmente miembro de la Junta Directiva de Belén.

Al acto, que tendrá lugar en la Biblioteca Ramón Guiteras el miércoles, 1ero de diciembre a las 7:30 p.m. , se han sumado con entusiasmo múltiples organizaciones como el Instituto Jacques Maritain de Cuba, el Partido Demócrata Cristiano, la Unión Liberal Cubana, NACAE, Herencia Cubana, Agrupación Católica, Ediciones Universal, Diario Las Américas y muchas más. Será un merecido homenaje a un cubano bueno, demócrata y cristiano. En sus más de ochenta años, José Ignacio Rasco, personalidad poliédrica, se ha mantenido invariablemente fiel a sus principios. No se puede pedir un mejor maestro.

La Biblioteca Ramón Guiteras está situada en el Colegio de Belén, 500 SW 127th Avenue, Miami, FL 33184. Para información y RSVP, comunicarse con Marina Hernández, Tel. (786) 621-4088, mhernandez@belenjesuit.org

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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Una respuesta a José Ignacio Rasco, mi maestro

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    Sabes que tu columna no me la pierdo. Muy interesante haber conocido a Rasco.

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