Cuba en la mano – II

Diario Las Americas
Publicado el 08-18-2010

Palabras pronunciadas en la presentación de “Cuba en la mano” el 31 de julio de 2010 en el Colegio de Belén

Hagamos un rápido repaso del contenido de “Cuba en la Mano” de 1940, cuya edición facsímil acaba de publicar la Editorial Cubana Luis J. Botifoll. En el Índice Geográfico, la primera sección, podemos leer los toponímicos. Algunos son verdaderamente poéticos como Florida Blanca, Pajarito de Cauto, Estero de Agua Dulce, Ojo de Agua y Vega de Palmas. Los vocablos de origen nativo Camajuaní, Guanajay, Guaurabo, Jagua, Jigüey alternan con muchos otros de acento hispano y religioso como Santa María del Rosario, San Miguel del Padrón, Piedra de la Genovosa y Jesús del Monte. También están representados los patriotas cubanos como Antonio Maceo, Juan Gualberto Gomez, Máximo Gómez y Martí. Repasar la descripción de términos municipales, pueblos, barrios, ríos, bahías, ensenadas, cayos, playas, cordilleras, montañas, sierras y picos es recorrer el país pulgada a pulgada como si fuéramos niños en una prolongada excursión de la mano de un sabio maestro que va descubriéndonos los misterios de nuestra Isla estrecha y larga.

No menos interesante son las secciones dedicadas a las ciencias naturales que nos ofrecen datos de la geología, mineralogía, botánica y zoología, donde podemos aprender más sobre los atributos físicos de la Mayor de las Antillas. Los apuntes históricos, a cargo del Historiador de la Ciudad, no sólo brindan una síntesis de la era colonial, las guerras independentistas y los inicios de la república, sino, que de forma resumida y de fácil acceso, nos hablan de la arquitectura — acueductos, iglesias, conventos, monumentos, teatros, mercados, cementerios, cárceles— así como de las características de la población, educación y cultura. De especial interés es el capítulo de José M. Labraña dedicado a la prensa, con más de doscientas páginas de entradas sobre publicaciones en Cuba.

El índice biográfico llena las próximas doscientas cincuenta páginas. Nos ofrece un corte transversal de la elite de la sociedad cubana, pues incluye minibiografías de médicos, intelectuales, abogados, sacerdotes, educadores, científicos, mambises, políticos. Las mujeres están bastante bien representadas para la época. Aunque hay inevitables ausencias, y a veces el lenguaje es innecesariamente pomposo, estas pequeñas historias de vida nos ofrecen valiosos datos sobre dónde estudiaban los cubanos, qué movilidad social tenían, cuál era su quehacer en las primeras décadas republicanas. Para los que como yo nacimos en la década de los 40, es en gran medida la historia de nuestros padres y abuelos.

Debo hacer un paréntesis para narrar que en mi primer día en Cuba en 1999, al regresar después de 40 años de ausencia, cuando ya habíamos ido mi hermana y yo al cementerio, a nuestro antiguo barrio, y a abrazar a nuestra prima, su hijo nos llevó a la Plaza de Armas. Yo tomé al azar un libro de uso de los que allí suelen estar a la venta, lo abrí por la mitad, y apareció una breve biografía de mi padre, el Dr. Ernesto Rafael de Aragón, con una foto de perfil, bastante joven. Mi hermana y nuestro primo –llamado Rafael Ernesto en recuerdo suyo—, no lo podían creer. Era como si no hubiéramos tenido que ir a buscar las raíces, sino ellas vinieran a nuestro encuentro. El volumen, era, naturalmente, “Cuba en la mano”.

Además de la útil bibliografía histórica y el detallado recuento del sistema educativo cubano, una de las secciones de mayor interés, a mi juicio, es la dedicada a los centros culturales, algunos fundados en la era colonial, pero la gran mayoría en los primeros años de la república, como, por ejemplo, la Academia de Historia de Cuba, Academia Nacional de Artes y Letras, Sociedad Cubana de Derecho Internacional, Museo Nacional y Asociación Nacional contra la Discriminación Racial, para mencionar unas pocas.

“Cuba en la mano” ofrece un índice turístico, útil para los que entonces visitaban el país, y de gran valor hoy para comprobar la infraestructura que existía en la joven república. Igualmente asombroso es el índice de comunicaciones con información sobre el correo, el telégrafo, las carreteras y trenes. No faltan datos sobre la filatelia cubana al igual que sobre juegos y deportes, desde el ajedrez al levantamiento de pesos.

Una de las pocas secciones donde la subjetividad de los autores se revela es la dedicada a los políticos. Aunque hay información objetiva, también en ciertos casos se dedican elogios excesivos a algunos y reproches innecesarios a otros. El volumen termina con datos sobre el ejército constitucional, un Censo Industrial y Comercial y descripciones de los puertos y subpuertos de la isla. Todo el libro está ilustrado con fotos, especialmente de personas y lugares. Lamentablemente, los mapas desplegables incluidos en las primeras ediciones, valiosos en la época, y aún en el presente pese a no corresponder a la realidad actual, no han podido adjuntarse en este volumen.

¿Por qué la Editorial Cubana publica en estos momentos una edición facsímil de “Cuba en la mano”? ¿Qué valor tiene este libro a siete décadas de su publicación? A partir del 1 de enero de 1959, Cuba sufrió una honda escisión que afectó todos los niveles de nuestra vida nacional, incluyendo la historiografía. En la Isla, por muchos años se quiso borrar, o lo que es peor, distorsionar la etapa republicana. (Afortunadamente, ha cambiado considerablemente en los últimos tiempos.) Nosotros, los que vinimos al exilio, apenas conocíamos nuestra historia, pero la indignación ante los atropellos sufridos y nuestra nostalgia de desterrados, nos hizo muchas veces exagerar las virtudes y negar las manchas del sol patrio durante esa etapa. Ya es hora de conciliar el pasado. Sólo así podremos construir el futuro. “Cuba en la mano”, a pesar de algunas deficiencias, es un volumen idóneo para asomarnos a las primeras décadas de la joven nación y confirmar, con datos precisos, el quehacer de aquellas primeras generaciones de la República. Se trata sin duda de un libro de consulta, pero asomarse a sus páginas ofrecerá a lectores de cualquier edad e ideología una imagen bastante exacta de lo que era Cuba en 1940. Nos muestra la nación que construyeron nuestros antepasados y que nos corresponde enseñar a hijos y nietos con una fórmula balanceada de orgullo y sentido crítico. Es también una obra útil para las generaciones que nacieron y crecieron en la Isla, muchos de ellos con escasos conocimientos de la era republicana. Se trata, pues, de un libro que debe servir como un acogedor portal criollo que nos convoque a discutir con respeto y revisar con serenidad nuestra historia. Si cumpliera, siquiera de forma modesta, esta función, una vez más la Editorial Cubana Luis J. Botifoll habría prestado un gran servicio a los cubanos.

“Cuba en la mano” puede obtenerse por $50, más $10 por el envío, en la Editorial Cubana Luis J. Botifoll, 500 S.W. 127 Avenue, Miami, Fl. 33144 Teléfono: (786) 621-4069.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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