Cuba en la mano – I

Diario Las Americas
Publicado el 08-11-2010           Palabras pronunciadas en la presentación de “Cuba en la mano” el 31 de julio de 2010 en el Colegio de Belén

Agradezco profundamente a la directiva de la Editorial Cubana Luis J. Botifoll y en especial al Padre Suárez y al buen amigo Armando Cobelo, por concederme el privilegio de escribir el prólogo para una nueva edición de “Cuba en la Mano” e invitarme a decirles unas palabras hoy.Atesoro mi larga relación con la Editorial Cubana como miembro de su Junta de Asesores y haber trabajado, aún bastante joven (hablo de hace 30 años) junto a hombres de la talla de los doctores Luis Botifoll y José Ignacio Rasco, de quienes tanto aprendí. Esta relación me acercó asimismo a la Biblioteca Ramón Guiteras y al colegio de Belén, mucho antes de que nacieran mis cuatro nietos. Hoy en día me enorgullece que dos de ellos estudian en este centro docente, donde sé que reciben no sólo una educación del más alto nivel, sino valores éticos y un sentido de familia que permanecerá siempre con ellos.

Como si esto fuera poco, “Cuba en la mano” es una obra a la que me unen vínculos especiales. Por muchos años estaba en la biblioteca del Director del Instituto de Estudios Cubanos, Lisandro Pérez, con quien trabajé nueve años, y a menudo los dos la consultábamos.

¿Por qué es importante “Cuba en la mano?

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ofrece varias acepciones del vocablo “nación”. El primero, “entidad jurídica y política formada por el conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno”, seguido por “territorio de ese mismo país”, y en tercer lugar, “conjunto de personas de un mismo origen étnico y que generalmente hablan un mismo idioma, tienen una tradición común y ocupan un mismo territorio”. Estas definiciones son hoy insuficientes, puesto que las naciones a menudo se forman con individuos de distintos orígenes étnicos. Igualmente importante es considerar a los inmigrantes, exiliados o miembros de una diáspora como parte de la nación. Es decir, la historia y cultura común, las señas de identidad y la visión de futuro, desbordan los límites físicos de los territorios y los designios de los gobiernos. Los sueños de regreso de todos los que por una razón u otra se ven obligados a vivir fuera de su país de origen son testimonio, sin embargo, de que la geografía es tan importante como la historia.

El sentido de nacionalidad cubana fue forjándose a fuego lento. Lo vemos asomar ya en ese primer poema “Espejo de paciencia” con su loa a la flora y la fauna de la isla, y en el que aparece por vez primera la palabra “criollo”. Es en el siglo XIX, bien sabemos, que los Padre Varela, los Domingo del Monte, los José de la Luz y Caballero, los José Martí, para mencionar sólo unas pocas figuras representativas, se dan a la tarea consciente de pensar a Cuba como nación y desarrollar las ideas fundacionales que forjarán su futuro.

Al comenzar la República en 1902 la labor que quedaba por hacer a los cubanos era titánica. Pese a haber ganado su independencia, Cuba seguía siendo una isla entre dos imperios, heredera de instituciones, costumbres, y códigos legales de España y una creciente influencia de los vecinos del Norte. Una de las labores más meritorias de los primeros años de nuestra república fue la de sus intelectuales, que se impusieron la ardua tarea de forjar ciudadanos y conducirlos, no siempre con éxito, al camino del civismo y sano nacionalismo.

Uno de esos intelectuales, miembro del grupo Minorista, Emilio Roig de Leuchsenring, fundó en 1935 la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, de la que fue director desde esa fecha hasta su fallecimiento en 1964. En 1940, Roig de Leuchsenring y otros intelectuales de diversas ideologías y de ambos sexos, crearon la Sociedad Cubana de Estudios  Históricos e Internacionales con el objetivos de llevar a cabo investigaciones y desarrollar el conocimiento de la historia de Cuba, en particular, y la del resto de América en general. Se promovió igualmente la creación de una Biblioteca Histórica Cubana Americana y la labor de otras instituciones tales como la Comisión de Monumentos Históricos y la Junta Nacional de Arqueología y Etnología. El propio Historiador de la Ciudad ofreció múltiples conferencias y programas radiales para explicar la importancia de la Historia y de las justas y valiosas tradiciones populares de nuestra isla.

Es dentro de este ambiente intelectual que, con el apoyo y colaboración de Roig de Leuchsenrig y otros intelectuales, Esteban Roldán Oliarte publica en La Habana en 1940 “Cuba en la mano. Enciclopedia popular cubana”. El título no puede ser más apropiado, pues el grueso volumen, de 1302 páginas, con el formato y tamaño aproximado de un Pequeño Larrousse, pone en manos del lector común un valiosísimo conjunto de datos sobre Cuba. (continuará)

“Cuba en la mano” puede obtenerse por $50, más $10 por el envío, en la Editorial Cubana Luis J. Botifoll, 500 S.W. 127 Avenue, Miami, Fl. 33144 Teléfono: (786) 621-4069.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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