El Padre Sean: un místico moderno

Con el Padre Sean, hoy cardenal de Baston, despuès de ofrecer la Santa Misa en mi casa por mis 29 años el 11 de julio de 1973

Con el Padre Sean, hoy cardenal de Baston, despuès de ofrecer la Santa Misa en mi casa por mis 29 años el 11 de julio de 1973

El Padre Sean O`Malley dàndole la primera comunión a mi hija Cristina en nuestro hogar en Maryland

El Padre Sean O`Malley dàndole la primera comunión a mi hija Cristina en nuestro hogar en Maryland


El 11 de julio de 1973 publiqué bajo el título que aparece arriba un artículo sobre el Padre Sean O’Malley, entonces párroco de nuestra iglesia. Fue además amigo y guía espiritual. Conservo el grato recuerdo y las fotos de cuando ofreció la Santa Misa en nuestro hogar para celebrar mis 29 años –precisamente la fecha en que apareció esta columna– y meses después para darle la primera comunión a mi hija Cristina, pues la niña se había enfermando y no la había podido recibir en el día señalado. En estos momentos Sean O`Malley, Cardenal de Boston, se encuentra en el Vaticano, en el cónclave que elegirá a un nuevo Papa. Varios periódicos en Italia y expertos en la materia lo mencionan entre los posibles candidatos para Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Lo haría muy bien, pues su actuación como Cardenal de Boston, en momentos muy difíciles, comprueba su capacidad para desfacer entuertos. Cualquiera que sea el cargo que ocupe, este místico moderno seguirá siempre al servicio de Dios y sus feligreses. No creo que en lo esencial haya cambiado mucho en los 40 años transcurridos desde que pude ver en él a un sacerdote excepcional, lleno de luz y gracia divina.

Hay quienes dicen que el mundo sufre la mayor crisis de todos los tiempos. Impera el materialismo. Triunfa la violencia. Los valores espirituales están pasados de moda. Algunos hasta aseguran que Dios ha muerto. Quizás parte de esto sea cierto, pero yo, que soy una ilusa, y tal vez moriré de desengaños, estoy convencida de que en la vida hay más bien que mal, más belleza que fealdad, más amor que odio. Además, creo firmemente que Dios no ha muerto.

En Silver Spring tiene el Señor un estupendo embajador. Se trata del Padre Sean, de la orden de los Capuchinos, que ofrece la misa en español en la Iglesia de Saint Camillus todos los domingos a la una y media. Hace algunos años escribimos una crónica titulada “La verdadera revolución del Siglo XX”. Nos referíamos a la de la Iglesia Católica. Esta revolución se ve reflejada en los cambios de la misa. Cuando algunos feligreses se quejan y alegan que la ceremonia ha perdido su espiritualidad, pienso que no habrán asistido a una misa oficiada por el Padre Sean. Hay algo casi místico en este siervo del Señor. Sus gestos. Los dedos finos alzando la hostia, el cáliz. El tono de la voz. La sencillez del lenguaje.

La primera vez que oímos un sermón del Padre Sean no quedamos quizás impresionados con él como si fuera un brillante orador. Mas si se le oye domingo tras domingo, semana tras semana, sus palabras, como una suave llovizna, van calando, llegando muy hondo y dejando raíces. En sus sermones se filtran sus hondos conocimientos teológicos, pero también su cultura y sensibilidad. Como habla a los latinos, cita con frecuencia a nuestros autores. Martí, Cervantes. A veces usa metáforas de verdadero lirismo; otras de aplastante realismo. Siempre dentro del marco de sencillez. No hay vocablos rebuscados ni complejos razonamientos. Hay solo un mensaje directo, humano y divino: cristiano. Es un mensaje, por encima de todo, de amor.

No se puede hablar de la misa en Saint Camillus sin mencionar a Sister Gloria. Esta monjita dirige con entusiasmo el coro. ¡Y cómo une la música!

Pero la labor del Padre Sean — de todos los sacerdotes en la parroquia — no se limita a la iglesia. Al contrario! No hay una persona necesitada a la que no acuda el Padre Sean. A ayudar, a aconsejar, a guiar. Lleva Dios a los hogares. Basta pedírselo para que visite una casa y ofrezca allí una misa, comparta con todos en cualquier ocasión, sea un cumpleaños, un adiós, 0 un bautizo.
Habla el español perfectamente. No sé en realidad cómo ni dónde lo aprendió. Es gran amigo de los latinos, de los cubanos.

En una ocasión una de las lecturas del Evangelio narraba cómo Cristo estaba rodeado de gente. Era imposible llegar a él. Cuatro hombres, llenos de determinación y fe, levantaron las vigas del tejado, arriba de Jesucristo, y por el agujero que hicieron dejaron caer, con unas sogas, una camilla con un pobre enfermo inválido. El paralítico quedó justamente frente al Señor, Cristo premió la fe y el esfuerzo de los hombres curando al anciano. Terminada la lectura del Evangelio el Padre Sean nos dijo: “Yo estoy seguro de que los cuatro hombres eran cubanos … “

Es un hombre muy modesto. Lo he visto, al sentirse elogiado con exceso, sonrojarse con el candor de una colegiala. Proviene de una rica familia de Ohio, mas nunca he visto mayor humildad que la suya. Tanto es así que me asustaría pensar que este artículo me hiciera perder su amistad; pero sé también que él sabrá ver el amor con que está escrito.

He disfrutado muchas veces al conversar con él. Su cultura es extensa. Ha viajado el mundo entero. Ama la música, el arte, los libros. Ama lo bello y lo bueno. Ama a Dios y al hombre. Y tiene fe en ambos.
Una vez nos visitó en mi casa. Llovía esa noche. Llegó con la cabeza cubierta por su oscuro capuchón, mojadas las sandalias. Pero la luz de Cristo no se opaca con la lluvia. Y al Padre Sean esa luz le alumbra los ojos y le envuelve la figura. Mi hogar con su presencia se vistió de gala. Pareció iluminarse y, a pesar de la noche y la tormenta, llenarse de sol.

Hace poco 1o visité en el convento de los Capuchinos. Al acercarme al hermoso edificio, un inmenso perro se me acercó ladrando con furia. He de confesar que me sentí aliviada al comprobar que el animal estaba fuertemente amarrado. Aun así desvié el camino, algo temerosa del gran can. ¿Sería posible que este animal, con ese increíble instinto de las fieras, presintiera las inquietudes que turbaban mi espíritu? Sin embargo, un par de horas después, cuando terminé de conversar con el Padre Sean y recorría los jardines, ya serena, para volver a mi auto, el perro, dormitando bajo la sombra generosa de un árbol, apenas se percató de mi presencia. Pude acercármele y acariciarlo largamente. ¿Por qué no ladraba ahora el animal? ¿Era acaso que los malos espíritus que antes me angustiaban habían ya desaparecido?

El Padre Sean será el primero en animar una reunión. Se sienta al piano y nos deleita con una melodía de Irlanda (es de origen irlandés) o de Alemania. He ahí otras virtudes que adornan su personalidad: una serena alegría y un sutil sentido del humor.

¡Y cómo lo quieren los chicos! Porque los niños tienen ese bendito instinto de cobijarse bajo el árbol que les hará bien.

He oído que el Padre Sean será transferido pronto a otra parroquia. Si me entristece pensar que quizás lo veamos con menos frecuencia, me consuela saber cuántos hombres, mujeres y niños hallarán a través de él la Palabra de Dios.

Con sus zapatillas oscuras, su hábito sencillo, su palabra de luz, su alegría, y la aureola de gracia divina que lo envuelve, es para mí el Padre Sean un místico moderno.
Con embajadores de Cristo como él, ¿quién osa a decirme que Dios ha muerto?

Silver Spring, Md. Verano 1973

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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2 respuestas a El Padre Sean: un místico moderno

  1. Ximena Hernandez-Cata dijo:

    Lindisimo Uvita, conozco bastante gente que hubiera querido que el Padre O’Malley sea el Papa. Pero también pienso que la elección del Papa Francisco hará mucho bien a Latino América y al mundo. Ya era hora.

  2. Lucia de Aragon Perez dijo:

    Ya que yo tuve el honor de conocer al Padre Sean en la misma epoca, puedo afirmar y confirmar que tus palabras sobre el son un retrato perfecto.

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