Dicen que no son tristes las despedidas…

Publicado en Diario Las Américas 7/24/2014

Publiqué mi primer artículo en Diario Las Américas el 7 de julio de 1961, poco antes de cumplir 17 años. En los 53 años que han pasado desde entonces, miles de mis columnas han visto la luz en estas páginas. Al principio escribía esporádicamente, y las cuartillas que enviaba desde Maryland aparecían 15 ó 20 días después en alguna página interior. A partir de que me mudé a Miami en 1978, comencé a contribuir más a menudo, y desde 1987 mi columna se ha publicado regularmente en la página de Opiniones todos los jueves. Rara vez he dejado de enviarla.

El primer artículo que publiqué en Diario Las Americas en 1961

El primer artículo que publiqué en Diario Las Americas en 1961

A través de mis artículos, los lectores me han visto crecer. La jovencita de los años 60 fue dando paso a la madre, la estudiante, la profesora, la analista política, la autora, y la mujer madura que hoy soy. He escrito de los más variados temas: reseñas de libros, actividades culturales, crónicas de viajes, aniversarios de personajes famosos o acontecimientos históricos. La cuestión de Cuba ha sido una constante. Estas páginas recogieron mis desvelos, rabias, denuncias, nostalgias; también, mi afán de comprender la compleja realidad del país, mi regreso a la Isla, mi prédica por la reconciliación de los cubanos. En 2002, a los cien años de la inauguración de la República, dediqué 48 columnas a la historia del período de 1902 a 1958, crónicas recogidas más tarde en un libro. Reuní artículos motivados por el fallecimiento de cubanos desterrados en “Morir de exilio”, publicado en 2006.

"Morir de exilio" recoge articulos sobre cubanos fallecidos en el destierro

“Morir de exilio” recoge articulos sobre cubanos fallecidos en el destierro

La política en Estados Unidos y los conflictos internacionales han sido otros temas sobre los que he opinado a menudo. Mi vida personal ha quedado plasmada en Diario Las Américas. He contado la historia de antepasados que no conocí y recordado anécdotas de momentos vividos junto a otros parientes. He llorado a mis padres y hermanos mayores; he compartido la alegría inmensa del nacimiento de mis nietos. Las bodas, graduaciones, cumpleaños y reuniones de familia han inspirado consejos y reflexiones.

A veces mis trabajos han sido polémicos y provocado aluviones de cartas al editor, mensajes electrónicos o réplicas de otros articulistas. Incluso cuando las discrepancias han cobrado un tono irrespetuoso, he aplaudido el ejercicio de la libre expresión, base de la democracia en que vivimos. Confieso, además, que siempre he preferido escribir para hacer pensar, provocar, punzar, que para entretener. No huyo de los temas controversiales.

El periódico ha sido generoso en recoger las muchas actividades en que he participado durante estas cinco décadas. Sus archivos mostrarán reseñas de todos mis libros y sus presentaciones. El primero en dar la noticia de cada una de mis obras fue siempre mi gran amigo Ariel Remos.

Ariel Remos me entrevista en 2002 con motivo de la publicación de mi novela "Memoria del silencio"

Ariel Remos me entrevista en 2002 con motivo de la publicación de mi novela “Memoria del silencio”


A lo largo de la vida, muchas personas desconocidas se me han acercado a comentarme mis artículos. En una ocasión me conmovió inmensamente que un señor me mostrara el recorte amarillento de un viejo escrito mío que siempre llevaba en su billetera.

En las páginas de Diario Las Américas me he hecho periodista. Siempre he intentado dar lo mejor de mí misma a mis artículos. En estas columnas semanales nadie habrá encontrado jamás mentiras ni dobleces. Algunas serán más afortunadas que otras, pero todas son sinceras. Nunca he escrito nada que no sienta y crea. La honestidad intelectual es para mí un deber sagrado con el periódico, los lectores, el oficio, y conmigo misma. En los últimos años, mi blog “Habanera soy”, leído en muchas partes del mundo, ha recogido todo lo publicado aquí.

Aunque mi relación con el Diario las Américas fue principalmente con la familia Aguirre, y muy en especial con Don Horacio, a quien me une un afecto profundo, no tengo queja alguna de su actual director, Manuel Aguilera. Pero la vida está siempre llena de etapas que terminan y dan lugar a otras nuevas. Esa es la realidad del periódico, y también la mía. De modo que la última columna que escribiré en el Diario Las Américas será la de hoy.

No diré adiós para siempre, porque he aprendido a huir de los absolutos, y nunca sabemos qué nos ofrecerá el destino más adelante. Tampoco dejaré de escribir. Sería como dejar de respirar. Mis lectores encontrarán en otras páginas mis opiniones, y continuaré trabajando con entusiasmo en mi blog y los libros que espero publicar. Pero aun así… ¿quién dijo que no eran tristes las despedidas?

Este articulo tambien puese leers en http://diariolasamericas.com/blogs/dicen-que-son-tristes-despedidas-uva-aragon.html

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Cuando salí de Cuba….

Publicado en Diario Las Ampericas 7-17-14

El 13 de julio hizo 55 años que me fui de Cuba. Es un día que recuerdo con claridad sorprendente. Por la mañana temprano me llevaron a Ruston Academy, porque a las 9 a.m. debía tomar el examen de geografía de Cuba del Instituto de El Vedado, al que el colegio estaba adscrito. Era la última prueba para terminar el segundo año de Baachillerato. Fui la primera en entregarla. Minutos después, hizo lo mismo mi mejor amiga, Nancy Kress. Era la única persona a quien le había confiado mi partida. En el baño, sin habernos puesto de acuerdo previamente, intercambiamos regalos. Le di una manilla con mi nombre; ella me obsequió un dije con el suyo. Aún las dos los conservamos.

El avión se iba a la 1:15 p.m., así que cuando llegué a casa no hubo mucho tiempo que perder. Me cambié de ropa, me peiné. (A los 15 años recién cumplidos, no necesitaba maquillaje.) Se me ocurrió ponerme un sombrero para el viaje. Pero después de probármelo descarté la idea y lo tiré sobre la cama. Oí que me llamaban porque se acercaba la hora de partir. En la puerta del cuarto que hasta hacía unos meses había compartido con mi hermana Lucía, me detuve. Observé los grabados de las “maddonas” de Rafael en las cabeceras, las dos camitas con sobrecamas de flores. Sobre la mía, los libros del colegio –entre ellos, “Geografía de Cuba” de Leví Marrero– y la pamela con su lazo blanco que había decidido no usar. Años después comprendí que esa imagen representa lo que dejaba atrás: mi niñez, mi país y un estilo de vida que nunca sería igual.

Recorrí cada habitación queriendo grabar en la mente cada detalle de aquella casa en la que había vivido desde los dos años de edad. Presentía sería un viaje muy largo. Al mismo tiempo, me decía a mí misma que era muy dramática y que pronto regresaríamos. En la maleta sólo había empacado ropa de verano, el anuario del colegio, dos libros, el álbum con los recortes de los primeros artículos publicados y la fotografía de mi padre, fallecido seis años antes. Mi abuela, mi adorada Mama Lila, no quiso ir al aeropuerto a despedirnos. La besé y abracé antes de bajar al primer piso. En el descanso de las escaleras, alcé los ojos y la vi de nuevo. Su mirada gris acero sostuvo la mía. Me sonrió. Las dos contuvimos el llanto. Nunca más volveríamos a vernos.

En la planta baja todo era un ir y venir de gente y de maletas. El recorrido por la cocina, el comedor, la sala, la biblioteca fue más breve. Fuimos al aeropuerto en dos carros. Yo iba en el pisicorre con mi novio –años más tarde mi esposo– en el asiento de atrás. Estaba colocado al revés, es decir, que mirábamos hacia la calle. Apenas hablamos en el camino. Absorbía con la vista las calles, los edificios, los árboles, La Habana. Pasarían cuarenta años antes de que regresara.

En camino al aeropuerto miraba fijamente todas las calles de La Habana para no olvidarlas jamás

En camino al aeropuerto miraba fijamente todas las calles de La Habana para no olvidarlas jamás

Las despedidas en el aeropuerto fueron breves. Mi segundo padre estaba escondido. (En cuanto llegamos a Estados Unidos se asiló en la Embajada de Venezuela.) No queríamos llamar mucho la atención de las autoridades. Mi madre no había cambiado el nombre en su pasaporte, y aparecía como una viuda que viajaba con sus dos hijas menores. Declaró que nos llevaba a que tomáramos un curso de verano. Sin aspavientos ni lágrimas, abracé a mi tía Sara, a mi hermano Bebo, a Lucía, que acababa de casarse. Era la primera vez que nos separábamos. Besé a mi novio. También le di un beso a Gabriel, nuestro chofer. Tomé de la mano a mi hermana Gloria, de siete años, que vestía una saya muy ancha, y tenía la carita demacrada, pues estaba convaleciente de una amigdalitis. Mi madre nos siguió. Caminamos en la pista. Cuando llegué a lo alto de la escalerilla del avión, me viré a ver las palmas, el cielo azul. Respiré profundo, como queriendo llevarme conmigo los aires de la Isla. Adiós, Cuba, me dije a mí misma.

Desde la escalerilla del avión mire las palmas reales

Desde la escalerilla del avión mire las palmas reales

Me pasé llorando los 40 minutos del vuelo hasta Miami. Atrás quedaba todo lo que conocía y amaba y el proyecto de vida que desde temprana edad me había trazado. Mi madre no hablaba una palabra de inglés, y cuando llegamos tuve que hacerme cargo de los trámites en Inmigración y de que no perdiéramos el vuelo a Washington, nuestro destino final. Ya no lloré más. Me di cuenta que había adquirido nuevas responsabilidades. Creo que ese día me hice mujer.

Todos los cubanos recuerdan la fecha en que se fueron de Cuba. La vida se rompe en dos. Hay un antes y un después. Algo dentro de uno se quiebra, como un espejo que se ha hecho añicos y comenzara a partir de ese momento a reflejar imágenes distorsionadas.

Refugiados cubanos llegan a Miami en los años 60

Refugiados cubanos llegan a Miami en los años 60

El inmigrante y el desterrado piensan distinto. El primero mira hacia el futuro, sueña; el segundo se aferra al pasado, recuerda. El inmigrante desea integrarse al país que lo acoge, que sus hijos aprendan el nuevo idioma; el exiliado vive pensando en la patria que ha dejado atrás. Se esfuerza por que los hijos no olviden su lengua y su cultura. El inmigrante lucha por quedarse; el exiliado cuenta los días para regresar.

Hoy en día creo que, dadas las circunstancias, fuimos afortunados. Personalmente, lo que más lamento fue no ver más a mi abuela, la separación de la familia, y no haber estudiado, no haberme hecho escritora en mi país. Sé que muchos perdieron más. Para todos los exiliados, nuestros proyectos de vida y de nación cambiaron drásticamente. Aún tantos años después y pese a varios viajes a la Isla que he hecho a partir de 1999, el aniversario de mi salida de Cuba me llena de tristeza.

Este artículo también puede leerse en http://diariolasamericas.com/blogs/cuba-uva-aragon-2.html

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Cumplir 70 años

Publicado en Diario Las Américas 7-10-2014

De niña, si preguntaba impaciente cuándo llegaría mi cumpleaños, mi padre me contestaba: “Cuando florezcan los flamboyanes…” En estos momentos, en la Cuba en que nací y en Miami donde vivo, los rojos y naranjas de estos bellos árboles colorean el paisaje. Se acerca, pues, el 11 de julio en que llegaré a los 70 años. Es fecha propicia para pasar balance, reafirmar mi filosofía de vida, agradecer bendiciones, reiterar proyectos futuros.

Flamboyán en flor en Miami

Flamboyán en flor en Miami

No importa cuán saludable estemos, cuánta energía tengamos: con los años aumentan los achaques. Mi generación, repito a menudo, desea morirse con buena salud. Cuesta aceptar limitaciones, pero son reales. Se me cansan los ojos y las piernas con más rapidez. Lo peor, sin embargo, es la ausencia de tantos seres queridos que se me han muerto — padres, tíos, hermanos y primos mayores, maestros, amigos, incluso algunos de mi edad y más jóvenes. Es un vacío difícil de llenar.

La tumba de mis padres

La tumba de mis padres

La recompensa es ver a los nietos crecer, y observar como aquellos cuatro “enanitos” que cabían debajo de un sombrero hace apenas unos años son ya jóvenes adultos, todos de más de seis pies, el menor un “senior” en Belén y los tres mayores con novias y cursando estudios universitarios. Otro dividendo que traen los años es el número de ex alumnos que se mantienen en contacto, comparten sus éxitos y logros. Recientemente una se ha graduado de abogada en Harvard, otra espera su primer bebé.

Con mis cuatro nietos:  Cristian, Brandon, Zackary y Nikulas, Navidades 2013

Con mis cuatro nietos: Cristian, Brandon, Zackary y Nikulas, Navidades 2013


Con los años he ido perdiendo el apego a los bienes materiales. Aunque sigo amando mi casa, libros, cuadros, recuerdos de viajes, y me puede ilusionar algún collar nuevo, cada vez necesito menos. No hay regalo que aprecie más que el tiempo compartido con familiares y amigos. No deseo tener cosas sino disfrutar experiencias. El mejor regalo es una visita, una invitación aunque sea a tomar un café, una llamada telefónica. En esta era virtual, el contacto humano se ha convertida en una dádiva.

El futuro de Cuba, las tantas injusticias que se comenten en todas partes, y la violencia sin sentido continúan siendo causa de desvelos y rebeldía. Todavía discuto con pasión, pero no pierdo el tiempo haciéndolo con todos. Cada día me vuelvo más tolerante con otros puntos de vista. También sé ya que no podré cambiar el mundo, pero aún intento contribuir, siquiera de forma modesta, a que sea mejor.

Siento que tengo un compromiso con mi obra literaria; me angustia que se me acorta el tiempo para escribir. Los comentarios de los lectores me estimulan, pero más me preocupa la cuartilla en blanco que la ya escrita. Con todo, el éxito actual de mi obra de teatro “Memoria del silencio”, basada en la novela del mismo título, que ha llevado a las tablas en Caracas con tanto acierto la directora cubana-venzolana Virginia Aponte con su grupo Ago Teatro, me ha producido una gran satisfacción, especialmente al comprobar el valor universal de una historia cubana. Me ilusiona que la pieza se estrenará en Miami a principios de Octubre y que una edición bilingüe de la novela saldrá a la luz también este otoño.

Memoria del silencio se estrenára en el Koubek Center en Miami el 3 de octuvre

Memoria del silencio se estrenára en el Koubek Center en Miami el 3 de octuvre

La edición bilingue de Memoria del silencio saldrá en Noviembre de este año

La edición bilingue de Memoria del silencio saldrá en Noviembre de este año

Agradezco a Dios todo cuánto me he dado: familia, amigos, colegas, viajes, amores, y tantas cosas hermosas que a veces no nos detenemos a disfrutar. Sol, luna, lluvia, mar, árboles – ¡qué belleza esos flamboyanes en flor! –, el arte en todas sus formas. Sus bendiciones son infinitas y las acepto con humildad. También me ha dado cruces e intento llevarlas con paciencia y decoro. Ahuyento las penas con proyectos e ilusiones.

Quisiera en los años que me queden, ver graduarse de la universidad a mis cuatro nietos, bailar en sus bodas, cantarles a sus bebés las nanas con que me durmió mi abuela. Desearía saber a mis hijas felices, aunque también he aprendido que la felicidad no existe, más que en breves momentos en los que cabe, sin embargo, la eternidad. Sueño que el proceso de reconciliación que ya ha empezado entre los cubanos de la Isla y los de la Diáspora, permita la construcción de una Cuba mejor. No me gustaría morirme sin ir a Italia y a Baracoa, donde en la Guerra de los Diez Años fusilaron a mi tatarabuelo. Espero escribir muchas más columnas, y dos o tres libros, que aún llevo adentro. Y que sean mejores que los anteriores. Aspiro a continuar confeccionando todas las semanas una lista de cosas por hacer que combine proyectos a largo plazo y deberes cotidianos. O sea, estar activa hasta mis últimos días. Y que muchos años después de que alguien me cierre los ojos con ternura, haya quien me recuerde porque mi cariño, mis lecciones o mi literatura fueron un bien en su vida.

Este articulo también puede leerse en http://diariolasamericas.com/blogs/cumplir-70-anos-uva-aragon.html

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“Mujeres de la Patria”

Publicado en Diario Las Américas 7-3-2015

Bajo el sello de Ediciones Universal, Teresa Fernández Soneira acaba de publicar el primer volumen de “Mujeres de la Patria. Contribución de la mujer a la independencia de Cuba”, libro que marca un hito en la historiografía cubana. Nunca antes se ha hecho una investigación similar ni existe ninguna obra anterior que reúna el quehacer de las mujeres cubanas durante los treinta años de lucha contra el colonialismo español.

Las casi 500 páginas de este libro singular recoge biografías de cientos de mujeres y sus aportes como enfermeras, mensajeras, costureras, recaudadoras de fondos, periodistas, activistas, abanderadas, y miembros del Ejército Mambí, que lucharon como cualquier soldado, y en varios casos alcanzaron altos grados por su aporte y valentía.
La Guerra de los Diez Años, de la cual trata este primer volumen de la investigación de Fernández Soneira, ha sido llamada con frecuencia “la guerra de las mujeres”. Algunas criollas se involucraron por sus ideales patrióticos, muchas siguieron a sus esposos, y se fueron a vivir a la manigua, pues no había otra forma de eludir al enemigo. En los campos de Cuba hubo bodas, gran número de partos, y tristemente, entierros de demasiados niños que no pudieron sobrevivir las precarias condiciones. También hay historias de presas políticas, deportaciones, exilios, separaciones, mujeres que trabajaron en tierras extrañas para sacar adelante a sus familias mientras los esposos arriesgaban la vida por la libertad de la patria.

Las biografías de estas mujeres no se narran en un vacío histórico. En las páginas preliminares, la autora nos ofrece una visión del papel de la mujer cubana en la sociedad del siglo XIX así como los antecedentes históricos que hacen estallar la contienda bélica. La cronología de la Guerra del 68 y una extensa bibliografía son por sí mismos aportes valiosos.
Un capítulo está dedicado a las precursoras, aquellas mujeres que antes de comenzar las guerras, lucharon por defender sus derechos y abrieron el camino a las que vendrían después. A partir de 1868, la autora fue clasificándolas según su proveniencia de las seis provincias con que tradicionalmente contaba Cuba. Además del ordenamiento regional, hay una agrupación por familias, pues a menudo participaron en la guerra varias mujeres de un mismo hogar. Otra contribución de esta obra es que traza una especie de árbol genealógico de las familias cubanas. Creo que raro será el cubano actual que no encuentre algún antepasado en estas páginas.

Quizás uno de los aspectos que más disfruté de este libro, fue cómo la autora combina la Historia, con mayúscula, con la intrahistoria –lo que los franceses llaman la petite histoire–. Es decir, además de colocar la trayectoria de estas mujeres dentro del marco de los acontecimientos que sacudían a la Isla, va narrando la intimidad de sus vidas.
Pese a su rigor investigativo, el texto es ameno, gracias a la prosa clara y precisa de Fernández Soneira, y a que incluye fragmentos de cartas, poemas, canciones y leyendas que contribuyen a crear un ambiente realista en el que el lector se sumerge. Esta sensación de que estamos conviviendo con las mambisas se refuerza por la cantidad sin precedentes de imágenes: retratos individuales, grupos de clubes patrióticos, lugares históricos, viviendas, placas conmemorativas, escudos, banderas, estatuas, plazas, monumentos, cortejos fúnebres y tumbas.

Portada de "Mujeres de la Patria"

Portada de “Mujeres de la Patria”

“Mujeres de la Patria” es un libro útil y necesario. Viene a llenar un imperdonable vacío en la historiografía cubana y a hacerles justicia a nuestras bisabuelas y tatarabuelas. No es sólo importante para los cientos de miles de cubanos dispersos por el mundo, tan necesitados de afianzar las raíces que van al aire, sino para los de la Isla, pues el dolor, el amor, el coraje, el sacrificio que revela, son parte importante de nuestra surgimiento como nación. Aquí yace ese tronco común de donde todos nacimos.

Este volumen, más el segundo que pronto verá la luz, merecen estar en las principales bibliotecas públicas y universidades del mundo, y en todo hogar cubano. Si ayudara no sólo a rescatar del olvido a las nobles mambisas, sino que contribuyera a que las mujeres también puedan desempeñar un papel de verdaderas protagonistas en la Cuba del futuro, creo que Teresa Fernández Soneira habrá prestado un servicio a su patria, aún mayor del que quizás se haya propuesto.

Este artículo también puede leerse en http://diariolasamericas.com/blogs/mujeres-patria-uva-aragon.html

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La encuesta de FIU

Publicado en Diario Las Américas 6-25-2014

Hace pocos días vi por televisión un viejo episodio de ¿Qué pasa, USA?, la serie de Luis Santeiro que trasmitió PBS de 1977 a 1980, sobre las dichas y desdichas de la familia Peña para adaptarse a la vida en Estados Unidos. Trataba del deseo del hijo Joe (Ricky Echevarría) de hacerse ciudadano americano para poder aspirar a una beca universitaria. Mientras que la madre, Juana (Ana Margarita Martínez-Casado) lo apoya, el padre, Pepe (Manolo Villaverde) apela a todo tipo de artimañas para que el muchacho cambie de opinión. Incluso lo llama traidor. Los abuelos al principio también piensan en hacerse ciudadanos para votar por el hijo de una amiga, postulado a concejal por Hialeah, pero al final desisten en el empeño.

Los cubanos nos veíamos reflejados en esas tres generaciones, y los conflictos suscitados por costumbres, valores y hasta idiomas distintos. Nos reíamos y a veces llorábamos también. Sin embargo, las cosas cambian cuando en vez de una comedia se trata de una encuesta. Todas tienen detractores. No en balde el Dr. Luis Aguilar aseguraba que los cubanos no decíamos “No estoy de acuerdo contigo” sino “Estás absolutamente equivocado”.

El FIU Cuba Poll, que se viene haciendo desde 1991, citado copiosamente por académicos y periodistas por su metodología impecable, encuentra invariablemente quienes se niegan a aceptar sus resultados. ¿Y qué dice esta encuesta que molesta tanto a algunos? Algo muy sencillo: que los cubanos han ido evolucionando con respecto a las estrategias para llevar cambios a Cuba, y que hay una diversidad de opiniones, debido en gran parte a la transformación demográfica de nuestra comunidad, y también porque con el paso de los años muchas personas varían de modo de pensar.

fiu cuba poll

El tema del embargo suele ser el más controvertido. La encuesta más reciente muestra que 48% está a favor de mantenerlo y 52% preferiría que se levantara. El apoyo mayor (58%) proviene de las personas que salieron de Cuba entre 1974-1980, y los que más escogerían eliminarlo son los que se fueron después de 1995. Es natural. El primer grupo incluye a los más de 100.000 cubanos que vinieron por el Mariel, a quienes les es difícil olvidar los actos de repudio y el maltrato que padecieron, por mucho que hayan triunfado en Estados Unidos. Los que han venido en la última década, por el contrario, se parecen cada día más a las diásporas de otros países; vienen a ganar dinero, ayudar a la familia que dejaron atrás y a regresar de visita en cuanto pueden. Extrañan sus amigos y parientes, sus barrios, pese a que hayan sufrido necesidades y graves restricciones a las libertades individuales.

Hay otro dato de interés. Un 42% de los cubanos piensa que el embargo no ha funcionado en lo más mínimo y un 29% que no muy bien. O sea, una amplia mayoría reconoce que ha sido inefectivo. ¿Por qué algunos aún lo apoyan y otros piensan que quienes no concuerdan “están absolutamente equivocados”? Porque el embargo tiene un valor simbólico para los exiliados históricos que han triunfado en todo menos en uno de sus principales objetivos políticos: derrocar el régimen. Es una batalla, que aunque la victoria sea pírrica, no quieren que Castro gane.

Algunos sostienen con sólidos argumentos que el régimen de La Habana tampoco desea el levantamiento del “bloqueo” como allá le dicen; que cada vez que se abre la posibilidad, actúan deliberadamente para entorpecer las negociaciones. Para el Gobierno el bloqueo es como el totí, que tiene culpa de todos los males en la isla. Es la coartada perfecta para justificar desde una epidemia de dengue hasta la lentitud de las reformas económicas que Raúl Castro ha puesto cautelosamente en marcha.

Han hecho bien los profesores Guillermo Grenier y Hugh Gladwin en hacer las mismas preguntas a los cubanos de Miami a lo largo de más de 20 años. A través del Cuba poll, patrocinado por el Institute for Public Opinion Research (IPOR) y el Cuban Research Institute (CRI) de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), puede observarse claramente la transformación de la comunidad. (En 1991, por ejemplo, 87% apoyaba el embargo.)

En el episodio que vi de ¿Qué pasa, USA? , filmado a finales de los años setenta, madre e hijo entonan una conmovedora canción que decía en parte: “Lo que una vez fue exilio/ se convierte en inmigración./ Y vamos caminando/ el tiempo va pasando/ los niños van creciendo/ los viejos muriendo/ y los soñadores se van cansando”. De una forma mucho más poética, esta estrofa anticipó precisamente lo mismo que hoy refleja la reciente encuesta de FIU.

La encuesta puede verse completa en https://cri.fiu.edu/research/cuba-poll/

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Homenaje a Gastón Baquero en su centenario

Quisiera expresar mi agrdecimiento a Cristóbal Díaz-Ayala, musicógrafo y cubano de gran sensibilidad y amor a la cultura, que fue quien tuvo la idea de estos homenajes y trabajó para coordinarlos. Tiene el gran mérito además que lo hizo sin haber tenido nunca la oportunidad de conocer a Baquero.

Pido excusas a algunos de los partipantes si sus nonbres no aparecen con las fotos. Mis conocimientos del mundo tecnológico son limitados y se ha hecho lo major possible dentro de las limitaciones- Aún trataremos en los proximos días de añadir algunos nombres. Sé que ninguno la hecho por afán de protaogonismo pero es bueno que quede constancia de quienes han particpado.

Gracias a Cristóbal y a todos los que generosamente participaron.

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Homenaje a Gastón Baquero en su Centenario

Homenaje a Baquero
Homenaje a Gastón Baquero en su Centenario
1914 – 2014
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